lunes, 27 de mayo de 2024

¡LARGA VIDA A LOS MUSEOS!

Museo de Antioquia. Cortesía. 

Parece que aún existe en la actualidad la simpática creencia de que los museos son el equivalente de las iglesias que los domingos se llenan de feligreses. Esto, por una parte, puede verse desarrollado en la senda teórica de Nietzsche, Marx y Freud a partir de lo que en el siglo XIX se llamó “la muerte de Dios” y el reemplazo de los valores universales. En este contexto, el arte, luego de conquistar su autonomía, se erige como otra institución (además de la religión y la política) productora de valores materiales y simbólicos que determinan el canon estético de las sociedades.

Si el arte se nos presentara en los museos casi como una experiencia religiosa, quienes asistimos a ellos no parecemos ser los defensores de esta vieja fe. Por el contrario, padeciendo incluso el síndrome de Valéry, quien admitía sin dudar que no le gustaban los museos, parecemos unos desorientados parroquianos que casi siempre se muestran fariseos. En este sentido, y como bien escribió James Gardner, es posible que esto parezca exagerar la naturaleza culta del arte; sin embargo, en caso de ser cierta la semana, no sería una coincidencia que los públicos que se acercan a visitar los museos lo hagan con mayor frecuencia los días domingo. A fin de cuentas, y recordando la analogía de André Malraux, como las catedrales del pasado, el museo es el edificio más impresionante que sigue moviendo en los visitantes esas sensaciones de lo “sagrado”.

La elocuente acusación de Paul Valéry en su escrito El problema de los museos, de 1923, señalaba una serie de contrariedades que en la actualidad todavía parecen sustanciales, a pesar de que cada época y cada momento trae consigo nuevas disputas que los públicos deben afrontar:

“No me gustan demasiado los museos. Hay muchos admirables, con nada deleitable. Las ideas de clasificación, conservación y utilidad pública, que son justas y claras, tienen poca relación con los deleites […]Dispuesta el alma a cualquier pena, me adentro en la pintura. Ante mí se despliega en silencio un extraño desorden organizado. Soy presa de horror sagrado. Mi paso se vuelve reverente. Mi voz cambia y se coloca algo más alta que en la iglesia, pero un poco más baja que en los asuntos ordinarios de la vida. Pronto dejo de saber a qué he venido a estas soledades enceradas, con algo de templo y de salón, de cementerio y de escuela… ¿He venido a instruirme, o a buscar algo que me encante, o bien a cumplir con un deber y satisfacer las apariencias? ¿O no podría ser incluso un ejercicio de un género particular este paseo tan pintoresco, al que una belleza estorba cada paso y a cada instante desvían a diestro y siniestro obras maestras entre las que hay que conducirse como un borracho entre bares?… 

Frame del filme El arca rusa.

No obstante, el sentido de pérdida es abrumador cuando aparece una catástrofe que amenaza con destruir la vida de un museo. Así, aquellos que son sensibles a la cultura sintieron una gran conmoción el 3 de septiembre de 2018, cuando los titulares anunciaron una lamentable pérdida para el patrimonio cultural de la humanidad: un incendio devoró el Museo Nacional de Río de Janeiro, dejándolo reducido a escombros. Aunque pudiera parecer anacrónica, la analogía entre las iglesias y los museos tampoco es caprichosa. El 15 de abril de 2019, sentimos la misma conmoción cuando la catedral de Notre-Dame fue presa de un incendio que dejó daños invaluables en una obra considerada un ícono de Francia y Europa.

Incendio Museo de Río de Janeiro, 2018.

Incendio en Notre-Dame, 2019.

Incendio en Notre-Dame, 2019.

LOS MUSEOS EN MEDELLÍN

En Medellín, los museos procuran recoger y recibir los apoyos necesarios para mantenerse sanos, estructural y económicamente. Museos como la Casa Museo Pedro Nel Gómez, fundada en 1975, resguarda cerca de 3.428 obras que el maestro Pedro Nel realizó durante las múltiples facetas de su trabajo profesional. Su director, Álvaro Morales Ríos, ha comentado: 
En los últimos años que hemos adelantado todo el proceso de reestructuración, tiene en su gobierno corporativo una mayor participación de entidades grandes de la ciudad. Sin embargo, la mayor parte del presupuesto proviene de actividades comerciales […] Siempre sería ideal contar con más apoyo, tanto de las entidades públicas como de la empresa privada, solo que ese apoyo tampoco lo esperamos como un simple traslado de dinero, sino con la adquisición de bienes y servicios de los que podemos tener en oferta, apoyo a programas puntuales y acompañamiento en proyectos que van destinados a generar impacto en las comunidades y en la ciudad”.



Así mismo, el Museo Casa de la Memoria, creado en 2006, es para la ciudad el espacio donde se reconstruyen los relatos de una historia adversa, con el fin de reconocer, trabajar y conciliar desde la sensibilidad con las víctimas del conflicto armado en el país, siendo esta una iniciativa del Programa de Atención de Víctimas de la Alcaldía de Medellín. El museo es el espacio físico y simbólico que actúa en la transformación cultural de la región y de Colombia y su fuerte, además está constituido por su modelo educativo y de mediación, que se ha implementado “para la reflexión que realiza procesos de construcción, circulación y cuidado de las memorias para contribuir a las garantías de no repetición a partir del diálogo, la reflexión y el respeto por la diferencia como pilares de la democracia”.




Por otra parte, con una dinámica de transformación y desarrollo de un discurso que cobija las diversidades sociales, el Museo de Antioquia, nuestro “papá de los museos”, ha trabajado desde sus programas pedagógicos y de mediación, así como en sus proyectos curatoriales para promover la inclusión de las diferentes colectividades y contextos. El museo ha realizado importantes trabajos relacionales en más de 132 municipios de Antioquia y de Colombia mediante su área Museo y Territorio, que se basa en el trabajo con las comunidades. De la misma manera, el museo se ocupa íntegramente de responder a las dinámicas que se fundan en las colectividades aledañas, siendo un museo que ha hecho posible la correspondencia armónica entre reconocer la importancia de los progresos estéticos en las manifestaciones del arte, entablar una relación estrecha con los artistas y desarrollar programas que incentiven la investigación y el conocimiento en sus visitantes. Además, el museo afianza el diálogo entre el contexto de Medellín y Antioquia con el desarrollo artístico a escala nacional e internacional por medio de eventos significativos como los MDE y algunas de sus exposiciones.

  

El Museo de Arte Moderno de Medellín, que celebró sus 45 años, se ha destacado especialmente por mantener un espíritu dinámico como un museo vivo, urbano y actual, afín a las nuevas tecnologías y atento a las demandas de las nuevas generaciones. Su directora, María Mercedes González, comenta sobre la importancia de los museos lo siguiente: “Los museos de arte son espacios propicios para la contemplación, el aprendizaje por libre elección y el uso creativo del tiempo libre. Son espacios que permiten, en medio de las rutinas laborales y comerciales de la sociedad actual, hacer pausas y, antes que producir o consumir, contemplar e interpretar. Son espacios que nos pueden conectar con la humanidad y con nosotros mismos desde la contemplación, observación y escucha. Estas instituciones son muy importantes dentro de la sociedad y es necesario apoyarlas y defenderlas porque son, además de una memoria de la acción creativa de los seres humanos, espacios que protegen y fomentan la expresión artística actual, la cual es una forma muy particular de conocimiento que relaciona la sensibilidad, la emoción y la razón”.



“El museo es una escuela”, declaró Luis Camnitzer. Esto significa, por una parte, que el museo no está allí para promover una escala de valores prefabricados en correspondencia con la mercantilización del arte, ni para la creación de cánones estéticos que pretendan homogeneizar una cultura, sino para ofrecer espacios donde se pueda efectuar la comunicación entre los artistas y el público, enseñándonos a consolidar relaciones sin olvidar que todos somos humanos. “En lugar de refinar el consumo de los visitantes, está para ayudarles a pensar por sí mismos”. 

En suma, si no tomamos una verdadera conciencia de su realidad y no aprendemos a valorar su importancia para la evolución de nuestras sociedades, estaremos lamentando una pérdida como la que padeció Río de Janeiro. Fue después de esa noticia cuando imaginé lo que pasaría y sentiría si viera a mis museos en llamas. Ni siquiera los artistas de vanguardia que deseaban quemarlos pudieron alejarse del deseo de formar parte de sus salas. La ironía de la vida es ver las obras de Marinetti en museos como el Guggenheim y pensar en la aversión que el artista sentía por estas instituciones. No obstante, lo sabemos bien, de no ser por los museos que resguardan su archivo, no sabríamos muy bien quién fue Marinetti y lo que significó para la vanguardia su manifiesto y su legado.

Los museos son lugares que, sin duda, nos recuerdan que somos una humanidad en constante evolución. Por todo esto, y en conmemoración de su día y su mes, es justo augurar una ¡Larga vida a los museos!

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