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sábado, 17 de enero de 2015

LA "OTRA" SITUACIÓN DEL ARTE EN MEDELLÍN


Fuente:http://www.elcassetteblog.com

Hace apenas unos días, cuando me encontraba en un intento de vacaciones en mi primer día de sol, aparece compartida repetidamente en las redes sociales la posición respecto a la situación del arte en Medellín publicada por el artista Félix Ángel, un pintor que ha tenido una trayectoria bastante significativa y ha realizado interesantes aportes como la publicación de los textos “Nosotros” que fue el inicio de una investigación sobre arte en Medellín y “Nosotros, vosotros, ellos” publicado en el 2008 el cual proponía una mirada retrospectiva al arte de los años 60, y que ha funcionado como soporte informativo para las nuevas generaciones (la mía por ejemplo) sobre qué ha pasado en nuestro arte más próximo. Esto no deja la menor duda de que sus acotaciones son valiosas, por lo tanto, este no es un texto respondiendo a su postura de forma radical, y diciendo que es un “mala leche”porque dijo la verdad, esa que tanta falta nos hace y que sin duda a tantos ofende convirtiéndose en generadora de pataletas y lloriqueos.
En este texto solo quiero rescatar asuntos en los cuales tiene una razón irrefutable, pero también hay que señalar algunos aspectos en los que no la tiene tanto.

Primero, se evidencia en el texto que el autor posiciona su opinión desde una lejanía contextual del que no se confronta con el hablar desde el aquí y el ahora, sino que se apoya en los chismecillos de “algunos amigos” (habría que ver quiénes son esos "algunos", y si hablan desde dentro de la actividad artística en Medellín o si lo hacen desde la pataleta que genera el malestar de sentirse renegados, como generalmente solemos hacer cuando nadie nos presta atención), y en el remilgue que asiste la actitud del “todo pasado fue mejor” aunque según pude leer, para el señor Félix Ángel la cosa es más lamentable todavía porque aún seguimos “llevados,” y por lo tanto nunca hubo un "pasado mejor".

El primer punto que se expone, es que la ciudad no se ha recuperado de lo que fue la terminación de la Bienal y que aquello afectó potencialmente el mercado del arte y con ello el interés por el arte como experiencia de vida; pues bien, hay algo cierto en cuanto al estado deplorable y árido a nivel de coleccionismo que, evidentemente no existe pero, que esto haya traumatizado el interés para rodearse de arte como parte de una experiencia de vida, eso sí que no es cierto. En este punto se cae en el error de atribuir a Dios lo que es del Cesar, es decir, mezcla el estado mercantil con el interés de acercarse al arte y volverla experiencia de vida a sabiendas de que el arte como experiencia más allá del mercado es otra cosa. 
A diferencia del estancamiento que esta visión propone, en asuntos de fomentar el interés artístico en la ciudad, proponer eventos y dinamizar el medio artístico, Medellín está más movida que nunca, tenemos espacios independientes que luchan por ejercer un balance entre la burócrata institución y los procesos externos de los artistas más jóvenes, tenemos centros culturales, el Museo Casa de la Memoria, el Museo del Agua, se han abierto nuevos espacios de exhibición, tenemos más  bibliotecas con salas expositivas, están surgiendo galerías nuevas (que sean malas o buenas eso aún hay que verlo) y cada día aparecen proyectos experimentales institucionales e independientes donde se pueden confrontar procesos y contextos, vidas y memorias. Entonces esto afirma que definitivamente sí cultivamos un interés por rodearnos de arte como parte de una experiencia de vida. El arte no es (hace mucho rato no lo es) pintar un buen cuadro y venderlo "bien"; de hecho, sabemos que el arte no son ni las ferias, ni las bienales, ni las subastas, estas sólo son condensadores de públicos específicos donde se puede apreciar el arte, (en ocasiones, cuando hay).

Tampoco ha de ser verdad que se estranguló el nexo que se había creado culturalmente entre Medellín y el resto del mundo, de hecho si no estoy mal este año Medellín será una de las ciudades que harán parte del próximo Art Destination, un programa de difusión y documentación que es realizado en la plataforma Universes in Universe, donde se documentan los eventos más importantes del arte alrededor del mundo.
Es muy cierto sí, que lamentablemente cargamos con el estigma de ser la ciudad de las putas y la droga, pero francamente seguir machacando en estos repudiables sucesos de nuestra cultura, es similar a seguir mostrando al público televidente estas repugnantes narco novelas con la disculpa de que “no hay que olvidar la historia”. Entonces mi pregunta es, ¿cuándo podremos avanzar? Ya sabemos que aquí reconocen más a las mujeres prepago que a las mujeres artistas porque a los hombres les servimos más con las piernas abiertas que pensando y creando, pero seguir rumiando esto como abuelo en mecedora, tampoco es muy aportante. 

Debo aclarar algo muy cierto, y es que el autor habla desde las experiencias que los años de trayectoria le han revestido y por los cuales sus letras tienen una posición escéptica y amarga (en apariencia), mientras que yo, apenas con poco más de un cuarto de siglo, tengo una mirada un tanto más positiva sin negar nunca las infamias del sistema, pero intentando recordar que no todo es blanco o negro, y presiento, que el texto nos quiere persuadir de que el estado del arte en Medellín es negro como un abismo; pues bien, yo no creo que sea así, lo que pasa es que la quejadera sobre las cosas malas que pasan es abismalmente más poderosa que la voluntad de levantarse y hacer que las cosas buenas pasen.

En cuanto a las relaciones Medellín-Bogotá y el ya conocido y odioso centralismo, es indudable que aquí seguimos “montañerizados” a más no poder, que aún queda mucho remedo del mal gusto narco de los ricos ignorantes que no diferencian el arte de los pegotes ni los cachivaches (algunos artistas tampoco lo hacen), pero es indudable también que algunos de los agentes culturales de la capital han tenido que reconocer a Medellín como una ciudad donde definitivamente se hace muy buen arte hace mucho rato. Desde este punto, el problema no es ni siquiera que en Bogotá se sigan movilizando a través de la endogamia cultural, "Nosotros y nuestro ombligo, nuestro ombligo y nosotros", el problema es que los paisas somos unos vendidos con complejo de inferioridad que ante cualquier guiño corremos como borregos y cuando no, nos quedamos esperando a que se acuerden de nosotros por allá donde hace frío, a sabiendas y ha quedado más que demostrado con el anterior Salón Nacional de Artistas, ese que le tapó la boca a más de uno y el único en mucho tiempo que trato a los artistas como artistas y no como pordioseros recibiendo limosnas, (así también hayan hecho berrinche los excluidos) que nosotros en Medellín tenemos absolutamente todo el potencial, la infraestructura y hasta a las personas para descentralizar el sistema del arte (aunque ni nosotros mismos lo queramos creer) sobre todo si dejáramos de invitar a los curadores de afuera a que en lugar de investigar el sistema artístico local, se instalen en los eventos con sus “amiguis” foráneos y cual avistamiento de OVNIS, los artistas de Medellín, se queden como bobitos mirando para el páramo mientras nos meten el golazo. Esto ha sido muy característico sobre todo en los MDE anteriores, que como menciona el texto y con razón:

(…) es una feria de vanidades incomprensible para el público, realizada a un costo enorme y de una inutilidad comprobada en cada una de las convocatorias anteriores, que ha ignorado consistentemente cualquier talento local, pero muy entretenida y beneficiosa para curadores invitados, asesores de plataformas conceptuales y toda la palabrería al uso que tanto excita a quienes la utilizan como jerga que les permite reconocerse entre sí a los de la misma tribu, pero enajena al ciudadano que, de una manera u otra manera, es un contribuyente forzoso con sus impuestos y pasividad”

Pese a esto, no deberíamos adelantarnosen satanizar lo que no se ha probado en este 2015, es probable o por lo menos esa es mi esperanza, de que con la nómina de curadores y especialmente con el curador seleccionado para Medellín, este aspecto de vanidad, inutilidad, plataformas superficiales y espectáculo cosmopolita pueda transformarse en un evento que fortalezca la relación cultural de Medellín con el mundo, los procesos internacionales en relación a los locales, pero sobre todo que nutra los espacios propios de ciudad, su infraestructura, y que proponga una reflexión histórica desde un estudio y una buena  investigación.

Lamentablemente y no hablo sólo por mí persona, no puedo estar de acuerdo con la posición que sólo descalifica la labor de los dos museos principales, no es uno y medio, son dos, cojean pero se mueven y, aunque es evidente que ambos museos tienen deudas grandes con los artistas, especialmente al incluirlos en sus casi inexistentes colecciones, con el público y con su misma infraestructura, no podemos negar quienes vivimos aquí en Medellín que en los últimos años especialmente desde la re inauguración del Museo de Arte Moderno en Ciudad del Río, así las llamen importadas o “descontextualizadas”, se han realizado exposiciones que han sido un valioso aporte cultural y hasta pedagógico sobre todo para el público más “montañerito” como supongo lo llamará el maestro, y también para el público más joven que aún está en formación académica, el cual, a pesar del arribismo modo-ON en el que vivimos incluso desde las facultades (ese arribismo tipo señora emperifollada de traqueto vieja guardia que puede ver uno en las exposiciones y sobre todo galerías) otro segmento del público y otros estudiantes no poseen los recursos económicos suficientes para viajar a ver las obras de por ejemplo William Kentridge, Sophie Calle, ORLAN, o hasta a Neto. Sí señor, es que no todos se pasean por el mundo como si estuvieran en la sala de su casa y es una maravilla que muchos puedan hacer esto, pero por fortuna, estas muestras importadas  y “descontextualizadas” existen, como decían las abuelas paisas “bendito sea mi Dios”.

En cuanto al museo como pasarela de modisto frustrado y mochilero neo hippie o pseudo intelectual, además goterero, ¿de verdad creemos que este fenómeno sólo pasa en los museos de Medellín?  Absolutamente no, es más, entre más "cosmo" y civilizada la ciudad, mayor es el nivel de pseudos, así ellos vistan PRADA o LV y aquí vistamos ropitas de diseñador "frustrado". Y eso que el texto es puntual en que estos son espacios de arribismo, lo que me da a entender que muy  probablemente en las inauguraciones y los eventos del  MOMA, el Louvre o el Guggenheim se respira un aire de humildad y altruismo insuperable ¡Si, como no!  En relación a este punto puedo decir que la mochila o la ropa no impide que una persona así sea en un minuto de su tiempo y de su vida pueda disfrutar o reflexionar gracias a una pieza, un dibujo o una instalación que albergue el museo, si esto sucede, si hay una transacción real entre la obra y quien la observa no importa ni siquiera si el resto de la noche se la pasó tomando licor gratis.

Crítica si hay, oficializada y jerárquica no tanto, pero es que ni en la capital, porque uno lee los textos de los críticos de allá, esos que sólo escriben, promocionan y le dan premios a los amigos y francamente uno tiende a pensar que tampoco hay nada. Quizás la ausencia de crítica se refiera a la inexistencia de figuras colosales como Marta Traba y en eso sí tendría mucha razón; es una pena, porque ahora más que nunca un filo como el de su pluma es lo que hace falta, sobre todo porque estamos en esta aparente posmoderna época del “todo vale” lo cual, sabemos que no es cierto. Y en cuanto al periodismo cultural ahí no puedo refutarle nada, tiene usted toda la razón, ¡es vergonzoso!

El mercado artístico es una falacia, eso también es verdad, las academias de arte también contribuyen un poco al estado de pasividad mental y mediocridad artística, sobre todo porque al estudiante le vacían un balde con nombres de teóricos que hay que aprenderse, pero sobre arte local e historia no saben absolutamente nada; esto acontece porque no hay exigencia académica alguna debido a que los estudiantes cada vez más artistas  ellos desde que tocan el primer semestre, no se les puede si quiera mirar, ponen la queja o arman su berrinche de adolescente y es por eso quizás que a nadie le interesa tampoco hacer crítica de arte ahora, es que lidiar con el ego de los pseudo artistas berrinchudos que a cualquier cuestionamiento reaccionamos como hienas asustadas (lo acepto, yo lo hago) si es muy mamón.

Finalmente el concepto del artista antioqueño egoísta y avaro es una realidad en la que todos nos movemos, pero, como mencionaba anteriormente en otro punto, no me van a decir a mí que en los contextos donde sí se moviliza el mercado del arte sólo hay arcángeles, eso quisiera verlo. El egoísmo existe donde exista un hombre de pie, así que adjudicar esta cualidad sólo a los paisas es inaceptable, ni que decir de los artistas en otras ciudades, por ejemplo ¿El centralismo capitalino, qué no es eso egoísta? Entonces ¿Por qué esta agüita sucia sólo para los paisas? La novelería y la envidia son absolutamente reales aquí y en Tombuctú a pesar de apodarse la ciudad de los 333 santos, entonces en este sentido un texto que podría ser un buen llamado de atención para que revisemos nuestro estado actual, se volvió una cantaleta como el mismo Felix Ángel muy bien lo dice, que parece escrita diez años atrás por el resentimiento de un artista que no ha tenido en absoluto éxito siendo paradójicamente esto lo contrario.
Desafortunadamente el texto se leyó y se releyó sin ninguna profundidad de análisis, lo compartieron muchos de mis contactos en Facebook y la única posición al respecto era decir que todo cuanto allí se escribió es “verdad” identificados todos con el mismo desprecio con que tratamos a los demás. Lo peor de todo es que luego de esto muy seguramente todos los que simpatizaron sin un mínimo nivel de análisis  de si las cosas son tan así o si no lo son tanto, van a seguir rascándose las nalgas sin moverse de la silla mirando en Facebook otro artículo que nos recuerde lo "llevados" que estamos, pero ninguno va a hacer nada al respecto.

Si realmente el maestro Félix Ángel tiene la razón, lo que hay que hacer en lugar de quedarnos esperando a que otro de afuera nos diga lo que ya sabemos, es movernos más, investigar más, enviar más propuestas a las convocatorias (no sea mediocre y deje de escudarse en que hay rosca) proponer más proyectos, dejar de lamerle la suela a los de afuera, hacer autogestión, abrir más espacios participativos, los museos deben encontrar la manera de adquirir más piezas de sus artistas y no esperar a que les donen todo, hay que dibujar más, pintar más, esculpir más, leer más, escribir más, proponer en lugar de quejarse, porque de otro modo le seguiremos dando la razón a una persona que por aquí no asoma las narices y por allá ya se ha hecho su capitalcito mientras que nosotros como babosos al igual que el perrito con la astilla en el trasero, nos quedamos sentados rumiando y enterrándola más, cuando lo que debemos hacer es levantarnos y actuar.


lunes, 21 de octubre de 2013

Lo que ves no es lo que ves. Cuatro maneras de connotar el vacío en el 43 SNA


Una palabra mal escrita sobre la fachada de un museo, una sala por cuyas paredes brota aguardiente a borbotones, una habitación de temperatura sofocante o una precaria estructura de hierro que sostiene pequeños dibujos y pinturas acompañada además por una mesa con objetos de confusa apariencia; estas, son cuatro propuestas artísticas todas ellas con una característica en común: connotar el vacío, aludir a la ausencia. 
La idea en sí misma como materialidad o el progresivo fenómeno de la desmaterialización del objeto artístico en donde la obra física se convierte en solo uno de los componentes de la obra de arte: la experiencia misma, son premisas que hacen parte de nuestro extenso mapa de códigos adjuntos a lo que se ha definido como arte contemporáneo. Dichas formas de creación aparecen como estrategias que retoma el artista cuando lo inquieta una necesidad a despojarse de la literalidad mediática. Para un espectador, aquel que no hace parte de los “entendidos en el tema”, le resulta complejo descifrar el mensaje oculto (en principio), de percibir lo que no se ve, pero que, sin embargo, aparece; de abandonar por un momento ese horror vacui tan característico en nuestra cultura occidental. La norma del gusto "estándar", aquella que se inclina por la representación mimética de las cosas, el artificio en la laboriosidad técnica y los supuestos que proclaman “el arte como una manifestación de la virtud manual del hombre” se ven en apuros cuando afrontan obras como Hantioquia de Fernando Arias, Manantial de Carlos Uribe, Sin título (La historia del sudor) de Liu Chuang, o Dibujo, pintura, escultura (Un artista del hambre) de Lucas Ospina, tanto por la singularidad de sus materiales, como por la simplicidad y precariedad (aparente) con la que se encuentran elaboradas las piezas.

Invirtiendo la controversial sentencia de Frank Stella, "what you see is what you see", (lo que ves es lo que ves), estas obras nos advierten que no podemos verlo todo, que las obras de arte no solo muestran algo bajo una determinada luz, sino que poseen más propiedades que aquello que muestran en la superficie. Que sus características no obedecen simplemente a determinados códigos estéticos, sino que proponen un reto de pensamiento y perspicacia para el espectador, induciéndolo de esta manera a elevar sus niveles de percepción y quizás, comprensión del mundo. 


Hantioquia de Fernando Arias . Exposición Antioquias/ Museo de Antioquia

El artista Fernando Arias sugiere un “error” gramatical que deriva de un planteamiento metafórico pero cargado con una alta dosis de ironía. En su obra, anteponer una H a la palabra Antioquia, es un gesto con el cual pretende señalar lo que en Antioquia no suena, lo que no deseamos oír, los que están silenciados, pero que, sin embargo, existen y permanecen…”la H es muda, pero no ciega”, comentaba un espectador para el cual si fue claro el mensaje. “Nosotros los antioqueños nos quedamos mudos, pero no somos ciegos” afirma. Esta ausencia de voz, es la ausencia en HAntioquia, ausencia que paradójicamente se lee como la presencia de una errata para quienes sus ideas en extremo conservadoras no les permiten escuchar a un pueblo, o dimensionar el sentido (más que la forma) en una obra de arte.

Manantial es la obra del artista Carlos Uribe que se exhibe en el antiguo edificio Antioquia y que hace parte del 43 Salón (Inter) Nacional de Artistas. La obra consiste en una pequeña habitación de cuyas paredes emana constantemente “aguardiente”. La propuesta de Uribe es para sentirse tanto más que para observarse, el componente experiencial de habitar el espacio, el olor que nos inunda el sentido activa la obra para completar su finalidad. La inexistencia del “objeto” artístico subraya en la obra Manantial, la posibilidad que ofrece el arte de acercarnos a ella desde otras eventualidades perceptivas, donde la obra no se contiene bajo la misma luz para una revelación inmediata. El espectador podrá estar desconcertado al enfrentarse a la puesta de Uribe, pero, no podrá evitar identificar allí una cultura, un pueblo, rememorar situaciones propias o ajenas con el particular líquido que emana por esas paredes y, sentir después de un rato, que ese espacio no le es ya tan ajeno.

Luego de visitar la obra de Carlos Uribe, dirigí mi atención a una de las obras más “desconcertantes” de la actual muestra que ocupa el edificio Antioquia. En una pequeña sala podía percibirse una atmósfera húmeda un tanto molesta, un aire denso y sofocante que te conduce de inmediato a sentir un lugar distinto. Esta era precisamente la idea, este es el componente principal de la enigmática obra de Lui Chuang, una habitación sin aire acondicionado. Afuera, varios dispositivos que enfriaban la temperatura para hacernos sentir ese cambio de ambientes; el título: La historia del sudor, nada más pertinente para una obra donde juega de nuevo la primacía de la idea sobre la materialidad de la forma, y de nuevo la importancia del componente experiencial, puesto que, la obra es activada, vive y toma sentido en el cuerpo mismo del visitante, ese hic et nunc del que Benjamin advertía, paradójicamente aparece de manera especular en obras como La historia del sudor de Liu Chuang. Sin embargo, a diferencia de la obra Manantial de Carlos Uribe, La historia de sudor suprime por completo la metáfora, produciendo que la obra se mueva entre fronteras no del todo definidas que pueden advertir una extrema e insustancial obviedad o una compleja amalgama de significaciones. Un espectador confuso que allí se encontraba, preguntaba una y otra vez a la guía de sala, cuál era la obra, y aseguraba que allí no había nada. En efecto, la inexistencia de la materialidad y la necesidad absoluta de sentir la obra es la propuesta que ofrece Liu Chuang para este Salón. “De la existencia provienen las cosas y de la no existencia su utilidad” es una antigua frase Tao. La simplicidad “aparente” de esta obra contiene esta premisa de manera contundente.

Finalmente, una obra de marcada extrañeza: una particular estructura de hierro que sostenía pequeños dibujos, unas cuantas pinturas y una mesa con una serie de objetos blancos de precaria apariencia. Este inquietante aparataje fue lo que Lucas Ospina llamó: Dibujo, pintura, escultura (Un artista del hambre). En la obra el mensaje de Ospina podría leerse como un comentario irónico y hasta satírico hacia lo que significa ser un artista en la actualidad, recordando un poco el relato de Kafka, todos (los artistas) podríamos ser ese ayunador deplorable que espera con ansia la atención de algún espectador interesado en su patético show. Por otra parte, la extraña instalación aparece como un chiste a lo que se supondría la “sacralización museal” de las obras que este contiene. Es decir, la pieza de Lucas Ospina parece una obra anti-salón; quizás en este sentido, pueda estar significado su vació. En Un artista del hambre el concepto subyace al objeto y la disposición aparentemente inapropiada es la que da sentido a la obra… Quizás en esta, lo menos importante sean los dibujos, las pinturas y los objetos extraños que allí aparecen.


Dibujo, pintura, escultura (Un artista del hambre) Lucas Ospina
43Sna/ Edificio Antioquia




miércoles, 16 de enero de 2013

Sebastián Restrepo en el 14 Salón Regional de Artistas: "Láquesis o Décima; Diez oh fortuna"

Zona Centro Occidente

“El hombre es un ser entre abierto”, afirmó Gaston Bachelard, “el artista usa sus grietas para revelar su interior y conectarlo con el mundo a través de su obra”.  Sebastián Restrepo presenta para el XIV Salón Regional de Artistas la obra ‘Láquesis o Décima; Diez oh fortuna’: 34 pinturas sobre madera en pequeño formato y dos antiguos billetes de 50 pesos enmarcados en un tamaño similar. En total 35 piezas dispuestas sobre una estructura circular que nos recuerda las mesas de casino. 
El conjunto de imágenes se compone de fragmentos que se extraen de retratos familiares, figuras religiosas donde prima la imagen de la virgen dolorosa, cartas de naipe, fichas de juego, un corazón con un puñal, los dos billetes de 50 pesos, de nuevo los retratos, de nuevo la virgen, de nuevo los naipes; todo se repite insistentemente por el lúcido gesto formal de que la mesa y la ubicación de las piezas no poseen principio ni fin.  La circularidad advierte que la historia se reitera, que todo es cíclico.  “El mundo es un círculo que ya se ha repetido una infinidad de veces y que se seguirá repitiendo ad infinitum”, una frase nietzscheana que ilustra algo de lo que Restrepo podría manifestar a través de este trabajo presentado para el Salón Regional.

Partiendo del hallazgo de una nota de prensa que incluía la fotografía postmortem de su abuelo paterno, el artista construye una serie de asociaciones particulares desde lo anecdótico, en una cosmogonía sugerente y alertante. El recorte hace parte de un periódico de los años 50’, época de extrema vulnerabilidad política, donde la violencia en Medellín arrasaba los sectores más populares. La pintura de la virgen es una de las imágenes que con mayor insistencia se inserta dentro de nuestro imaginario y abre una senda para que el artista traslade lo personal a la esfera de lo colectivo, enmarcando sus imágenes estratégicamente en la trágica realidad de una época. La enigmática pieza establece conexiones que permiten elaborar cierta genealogía de la “intimidad” a través de sus representaciones pictóricas. Definiendo intimidad en este sentido: lo íntimo no es aquí “lo privado”, pero lo presupone. Propongo que lo pensemos más como una actividad vivencial reflejada, es decir, lo que constituye al individuo desde su experiencia: aquí el artista ordena, extrae, selecciona signos y encuentra salida a su vivencia mediante un código empleado que es el que genera realmente el mensaje.


Friedrich Nietzsche afirmó que nuestro mundo interior es fenómeno, es decir, es el aspecto que las cosas ofrecen ante nuestros sentidos, o lo que denominamos experiencia. “La experiencia interior no aparece en la conciencia sino una vez encontrado cierto lenguaje que el individuo pueda comprender”. De esta manera, una obra de arte podría contribuir a la construcción del sujeto histórico en el sentido de que el hombre se reconoce en su contexto, obedeciendo a la aprehensión de un lenguaje. Restrepo lo intenta y logra varios aciertos. Su estrategia se resuelve a través de tres recursos de visibilización recurrentes en el trabajo de gran cantidad de artistas: el exhibicionismo, en tanto exponer en público aspectos netamente familiares y personales de forma espontánea y excesiva, generando una especie de espectador voyeur.
Un segundo recurso es la presencia de la obra artística a través de entornos y objetos de fuerte resonancia connotativa: cartas, fotos, objetos evocativos de recuerdos, objetos fetiches que suelen calificarse como “intimistas”, alusiones directas a lugares violentos y plagados de historias.
  Y el tercer dispositivo claramente utilizado son las codificaciones del retrato como signo y señal interpretable. Reveladas estas tres estrategias, cabe señalar que han favorecido en la aceptación de su trabajo y no en vano correspondiendo a consecuencias de la época, el modo en que esta pieza funciona en cuanto obra, se explica en cómo estas referencias anecdóticas, pero evocativas, intervienen en la concepción y quizás en la creación de un mundo.
  

Referencias:

Bachelard, Gaston (1957). La poétique de l’espace, París: P.U.F.
Romero, Puelles (1999) Interiores del alma: Lo íntimo como categoría estética. Concepciones y narrativas del yo. THÉMATA núm. 22. Málaga.
Nietzsche, Friederich (2003) Así habló Zaratustra. Ed. Alianza. Madrid.


LINK  A LA OBRA DE SEBASTIAN RESTREPO: http://elresidir.org/?p=1005

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