domingo, 29 de marzo de 2015

RESPUESTA AL TEXTO CONSIDERACIONES SOBRE EL ARTE DE PERFORMANCE

"Hope Hippo" (2005) Jennifer Allora y Guillermo Calzadilla

Escribo este breve texto (espero), respondiendo positivamente al texto de Bia Medeiros que toca algunos puntos que he planteado en dos de mis textos sobre el arte de performance. Sé, y tengo la plena convicción de que estas interacciones son necesarias para todos aquellos que hemos reflexionado sobre este tema con el fin de activar en nosotros mismos y en quien nos lee, esa necesidad de utilizar el análisis para formar un criterio propio. (Es lo que yo espero siempre de mi lector, que forme su criterio). También tengo claro (y dejo claro) que mis argumentos y mi visión sobre el arte de performance, jamás serán para ninguno de los lectores, hagan estos performance o no, una imposición, ni muchísimo menos constituyen una declaración de que mis palabras son una norma, pues deseo evitar a toda costa que mis reflexiones sean tomadas de manera personal, no permitiéndonos aceptar ni revisar a la luz nuestros procesos. Mis textos componen reflexiones que suelen ser obviadas por ser, en la mayoría de los casos, incómodas de ver y de aceptar, pero que deberíamos revisar. 

En este texto tampoco habrán citas a ningún teórico del arte por la sencilla razón de que he considerado que rellenar renglones con arsenales de citas de otros, solo le aportaría a mi respuesta maniqueísmos y pesadeces innecesarias; advirtiendo también con el fin de evitar las malas interpretaciones a esta consideración (porque he notado que debo escribir aclaraciones por cada renglón que escribo) que el conocimiento teórico del arte es fundamental al momento de perfilar nuestros criterios, sin embargo, ciertamente cada uno escogerá las teorías que mejor le convengan, los textos que más se acomoden a su argumento y las citas que suenen mejor en el párrafo para que tenga ese toque "intelectual" que tanto nos gusta leer. Entiendo que no por ello un argumento es más valioso que otro, y entiendo también, que jamás dejarán de existir teorías, textos y citas que se contrapongan a dichos postulados, por eso, hoy me alejo de esta estrategia discursiva procurando que mis propias palabras sean suficientes; de no ser de esta manera, aceptaré mi fracaso al no saber entablar una conversación sin salirme de las enaguas o de las faldas de la teoría oficializada (como deberían hacer muchos de los que escriben en este medio).

En primer lugar, concuerdo mucho con no cerrar los significados de la performance y “evitar explicaciones que darían una visión única de las acciones que buscan, en general, múltiples significados incluso assignificâncias dejando a los espectadores (que Corpos Informáticos llamam “iteratores”) libres sensaciones y asociaciones las más diversas”. Sin embargo, puedo notar que durante el texto se dan muchas explicaciones (de hecho, el texto mismo al cual respondo podría ser considerado como una muy, muy extensa explicación) y en algunas afirmaciones el texto cierra la multiplicidad de enfoque que este medio (el performance) debe tener, según considera la autora.
Voy a destacar en este sentido la frase que más me generó dudas, porque además de parecer una norma general, me hizo pensar que tenía una idea errada sobre uno de los propósitos más destacables del arte de acción:

“El performance no quiere ser activismo, no quiere ser ciencia. Ella enfrenta la realidad y está completa”

No pude dejar de pensar cómo es esto de que "el performance no quiere ser activismo"; y me confunde sobre todo porque muchos de los artistas que hacen performance lo hacen precisamente con este carácter, pues ésta, es una de las particularidades más valiosa en el arte de performance, y con esto no estoy afirmando que el arte de acción siempre deba apuntar al activismo, pero considero que es muy necesario en esta avalancha de arte capitalista y mercantil como suelen llamarlo los artistas anti establishment. De hecho, performances como los de las guerrilla girls, los performances feministas de los 70’s, el accionismo vienés con acciones como las de  Gunter Bruss,  Mühl o  Nitsch, trabajos tan poéticos y al mismo tiempo políticos como los de Josep Beuys, o más cercanos aún, obras como las de Nadia Granados en Bogotá, cuyo trabajo lo leo como una bofetada directa a la retina y a las hipocresías sociales, sí que deberían proponer ser activistas (en el caso de que no lo fuesen). Por lo tanto, dar voz unísona (“el performance no quiere”) a un medio tan poliédrico como este, constituye una pretensión muy arriesgada cuando no ingenua, porque estaríamos hablando por cada uno de los artista que hacen arte de acción, y no creo que todos concuerden con esto.

Ahora bien, alejando las pretensiones que pueda tener o no una performance y tomando en consideración la segunda parte de la afirmación “Ella enfrenta la realidad y está completa” podríamos estar hablando entonces de la performance desde un carácter ontológico, es decir, un ente que existe, pero especulemos que no para el sistema del arte, porque sabemos que este singular medio nació precisamente al ir en contra del statu quo, no para el mercado (aparentemente), no para la sociedad porque “no quiere ser activismo”; entonces, cada acción como “acto voluntario (hi-ato) que tiene como objetivo revelar otro mundo y, al hacerlo, crear chispas de inteligibilidad”  puede ser una afirmación certera, suena muy bien, pero este objetivo de querer revelar otro mundo no es exclusivo del arte de performance, es propio de todo el arte en general, desde la pintura hasta las video instalaciones, y de no ser así, ya no estaríamos hablando de arte, estaríamos hablando de cualquier otra cosa. 

Novedad:
Respecto a la novedad, me encuentro de acuerdo con el texto  y con la reflexión que cita del señor Ricardo Arcos Palma de que “lo nuevo, lo original, ya no es una preocupación en el arte desde hace casi un siglo” de hecho, una de las cualidades del arte contemporáneo (no siempre), es el pastiche, sí, suena muy feo pero es más sincero: citar, mirar al pasado, aludir a movimientos y a obras constituyen estrategias muy frecuentes en nosotros los artistas y no por esto las obras necesariamente son piezas con falta de rigor o claridad como lo hace parecer Avelina Lesper en sus textos; concuerdo con ella en algunos de sus argumentos, pero en otros me reservo el derecho a disentir.
No, tampoco creo que el performance se mantenga vivo a través de la novedad, porque ¿quién lo está asesinando? o ¿ya lo asesinaron? Entiendo que se escribió un texto que se titula “Asesinar al performance” pero señores, un texto no tiene el poder de arrancar de raíz un medio artístico que además ha sido una de las revoluciones más importantes en el arte del siglo XX. No se tomen tan apasionadamente los argumentos que refuten o cuestionen sus preceptos, no están insultando a su mamá, el performance no tiene que sobrevivir a nada, el arte de performance es (de ser) y así como la pintura con sus múltiples y fallidos asesinatos, sigue estando más viva que nunca. Hay una gran cantidad de performances que se alejan de los gestos repetidos a los cuales hago alusión y son excelentes trabajos tanto en sus aspectos plásticos y formales, como en sus planteamientos conceptuales y puedo destacar entre ellos el trabajo de Jennifer Allora y Guillermo Carzadilla, el performance “Habla” de Cristina Lucas, “In Orbit” de Ward Shelley y Alex Schweder, “Eunoia” de Lisa Park, “nothingtoodoo” de Terence Koh, “The Mending Project” de Beili Liu, “Draw a line” de Janine Antoni, "Pero yo soy el tigre" de María José Arjona,“C´est La Vie” de Sylvie Fleury y así como estos, muchos otros.

  
"In Orbit" (2014) Ward Shelley y Alex Schweder

Sin embargo, si alguien en realidad leyó mi texto, pudo notar que siempre fui muy puntual y clara en que el uso de estos gestos no siempre son abordados de forma ligera y que existen trabajos en los cuales resultan sumamente coherentes y necesarios. ¿Alguien leyó esa parte? ¿No? Entonces refresquemos esa memoria:

Sobre el desnudo: “En efecto, el desnudo por supuesto que puede ser utilizado en la performance y de hecho, hay acciones que necesitan puntualmente de él, y como ejemplo destaco la acción de Ulay y Marina Abramovic “Imponderabilia”, donde los espectadores debían pasar en medio de los dos artistas desnudos para poder acceder a otra sala; la acción ha sido recreada en varias ocasiones incluso por la performer colombiana María José Arjona en el MOMA durante el año 2010”

Sobre el uso del vestuario rojo: “Estamos diciendo mucho al mundo cuando utilizamos un color”. Sin embargo, debemos evaluar la pertinencia o no de este color en una acción y no deberíamos utilizarlo de forma automática.

Sobre el uso de la carne cruda: “Como mencioné anteriormente, esto no significa que usar la carne cruda en un trabajo de performance no tenga coherencia o carezca de sentido, el punto es invitarnos a pensar cuándo es pertinente o no la utilización reiterada de este elemento”.
Sobre embadurnarse con pintura, fluidos o alimentos: “El asunto es saber en qué performance, en qué momento y con qué sentido es este un acto coherente o necesario”

Sobre escribirse en el cuerpo: “Sin embargo, no siempre utilizar este recurso es banal, trabajos tan poéticos y al mismo tiempo fuertes plásticamente podemos encontrarlos en la obra del artista chino Zhang Huan quien últimamente ha llamado bastante mi atención. Otro trabajo muy importante y que hace parte de estos hitos performáticos es “Transfer Drawin” 1971 de Dennis Oppenheim en el cual el artista dibuja sobre la espalda de su hijo Erik y este transfiere a una pared a través de su sistema sensorial lo que su padre dibuja sobre él”. 

Sobre el uso del agua o el hielo: “puede estar muy presente en acciones que se presentan con mayor frecuencia desde el ritual, y esto es aceptable. Debemos evaluar muy bien a la hora de hacer nuestros performance su pertinencia”

Y finalizo: Para concluir, el problema no radica en que por hacer parte de esta reflexión, no se deban utilizar estos elementos o gestos, pues de hecho reitero que algunos de estos son de absoluta coherencia para dar sentido a una propuesta que necesite plantear un mensaje o una reflexión de forma específica. Tampoco  se pretende desprestigiar un medio como este, pues la performance desde sus inicios ha rescatado el acto creador del artista y ha revalorizado de manera especial el cuerpo humano y cómo éste es soporte y medio para ejecutar una obra de arte. 

Si leyeron bien, y era lo que esperaba, mi reflexión siempre ha puntualizado en estar conscientes de cuáles son los elementos formales que constituyen una acción performática y el  porqué de su pertinencia; ahora, si el artista quiere hacerlo o no, para eso existe el libre albedrío. Éste es el propósito de mi reflexión y reitero que lo será siempre. Esta vez espero haber sido completamente clara en ello. 


"nothingtoodoo" (2011)  Terence Koh

Arte y ONGs:
Dice aquí la autora: “Ursula Ochoa, en El gesto real…, también insiste en esta tentativa de coincidir arte e trabajo efectuado por ONGs”
Respondo: No, yo no insisto en esta tentativa, algunos artistas lo hacen.
Cita de nuevo la autora: “También destaca este intento de Lesper para que coincida con el arte y el trabajo realizado por las ONG:
Una performance también debería ser evaluada desde una serie de criterios formales, pues analizarla desde su finalidad y rotularla de manera radical como un acto puramente vacío y escenificado, cargado más que de realidad de falsedades, suele convertirse en un error apresurado de la crítica actual, tanto como es un error esperar a que el arte sea una actividad redentora y que su principal finalidad sea el auxilio social.” Es curioso  aquí que utilice esta cita dado que mi intención en ella fue de manera concreta ponerme a favor de los artistas que hacen performance y refuto allí los argumentos de Lesper, sobre todo aquellos en los que evalúa a los performances desde una finalidad redentora, señalando que no logran un cambio social verdadero. 

Mi punto en ese texto, es precisamente que el arte de performance o cualquier otro arte no tiene la obligación de “cambiar el mundo” (puede tener esa intención si el artista lo considera, pero este no es un fin propio del arte) en primera instancia, porque esta pretensión ya la tuvo el arte en el siglo XIX y al igual que el asunto de la originalidad, esta consideración sería igual de anacrónica y segundo, porque yo jamás he considerado que el arte deba tener un propósito de carácter ONG como lo nombra Avelina; los artistas no tenemos que imponernos metas  como cambiar el mundo (si a duras penas nos exponen los trabajitos), de igual manera concuerdo con Carlos Monroy cuando cita a Deleuze en que “el impacto de una performance puede ser creativo y/o político, pero no se hace política de partidos, política de Estado, no participa de la máquina de Estado”. Mi pensamiento refuta la concepción utilitaria  del arte y no tengo que citar a ningún teórico para estar clara en ello.  Me parece un acto reprochable apartar citas de textos para poner palabras en la boca de los autores, que jamás han dicho. ¿Están seguros de que me están leyendo de manera completa y objetiva? o solo están haciendo una lectura fragmentada y llena de prejuicios. No porque en un texto cite a Avelina Lesper significa que estoy de acuerdo con ella en todos sus argumentos (esto también va para algunos lectores) porque a pesar de que desmantela algunas verdades poco agradables para muchos, (por ejemplo, si Avelina ve mi obra, dirá que soy una mediocre), es cierto que sus declaraciones son generalizadoras y cerradas. Sin embargo carácter crítico, si tienen, aunque no esté  a favor de nuestros argumentos, esto es lo que el medio del arte necesita entender, un crítico de arte no es crítico de arte porque favorece mi trabajo, y no deja  de ser crítico de arte cuando refuta mi obra; esta suposición es además de infantil,  poco profesional y ya estamos grandes para esto.

En relación a los “cliches”, yo definitivamente le quitaría las comillas por la siguiente razón:

Del fr. cliché: Lugar común, idea o expresión demasiado repetida o formularia (RAE).

Espero con este pequeño comentario que no me salgan con que la (RAE) es una institución opresora del sistema que intenta imponernos a través de sus directrices lingüísticas… (bla,bla, bla). Un gesto repetido en una performance constituye un cliché nos guste o no.  En relación a divertirse, me encuentro de acuerdo en que el arte puede ser divertido y aunque mis inclinaciones conceptuales no están muy en este vértice, claro que podría ser así y también creo que es muy necesario.

Para concluir este texto, (que no fue breve, como lo sospechaba) creo fielmente que como artistas tenemos la obligación de ser sinceros con nosotros mismos, consecuentemente con nuestra obra y por supuesto con el público que nos observa, quienes son, en primer lugar, los más importantes y al mismo tiempo más descuidados en este espinoso, vanidoso, egoísta, hipócrita y poco o nada objetivo mundo del arte. Si como artistas tenemos la conciencia de que estamos realizando un trabajo juicioso y sincero, no tendría por qué alertarnos tanto lo que escriban o dejen de escribir las personas que cuestionan nuestro arte; ahora, si en el fondo sabemos que estas reflexiones pueden poner en "peligro" nuestro trabajo, esto significa sin lugar a dudas que no hemos sido muy sinceros, ni con nosotros mismos permitiéndonos caer en la mediocridad, ni con nuestra obra, y mucho menos con el espectador, y entonces, en lugar de reaccionar como hienas asustadas, tenemos la plena obligación de revisar nuestro trabajo y alejarnos de prejuicios y testarudeces personales que se vuelven casi siempre, lastres innecesarios.


"The mending project" (2011)  Beili liu

sábado, 21 de febrero de 2015

LOS TRES ENEMIGOS DEL ARTE PÚBLICO

Texto escrito para La Artillería en su edición # 12 Edición especial dedicada al Arte Urbano.

El siguiente texto aborda algunos planteamientos del filósofo y catedrático Félix Duque Pajuelo, tomando como base uno de los textos fundamentales dentro de las investigaciones que se ocupan de analizar la relación entre el arte y las sociedades: “Arte Público y Espacio Político”. A partir de éste,  podremos esclarecer cuáles son los tres factores hostiles que “prostituyen” las funciones mismas del Arte Público en relación a la creación de “espacios políticos” y su intencionalidad reveladora de ser un arte "democrático".

Hoy, en esta era de la "posmodernidad" en la que Zygmunt Bauman afirmaba que ya no existen los ideales sólidos que propuso aguerridamente el proyecto moderno, el arte, aún continúa con la tendencia de alfabetizar a través de la manipulación de las mentes y los deseos del pueblo, utilizando la propaganda pública, ya sea proyectada desde el espíritu rebelde del artista exiliado de la burbuja que resguarda al sistema del arte oficial, es decir, desde la disidencia, o por otro lado, desde la intervención en las calles del artista privilegiado cuyo trabajo no desea reconocerlo como una insulsa manifestación cultural del entertaiment esnob y por lo tanto, ha de estar al servicio del pueblo o de su comunidad, con obras que tengan ante todo, la propiedad de causar conmoción. 
Estas dos perspectivas encarnan algunos síntomas de lo que aquí llamaremos Arte Público.  

Antoni Remesar profesor de la Universidad de Barcelona y director de CER-POLIS nos da una definición de arte público bastante interesante a saber: “Es pues el arte público, el conjunto de intervenciones estéticas que actuando sobre el territorio desencadenan mecanismos sociales e individuales de apropiación del espacio que contribuyen a co-producir lugar”1.

Ahora bien, una de las funciones fundamentales del arte público además de co-producir lugar, lo cual es entre otras cosas permitir que el público se reúna en su entorno en cuanto creadores (ellos mismos) de un ambiente abierto y dinámico, es decir, el arte público cumple en términos de Félix Duque su función de espaciar “hacer sitio” (de encuentro, de referencia, de entretenimiento, de memoria, etc.), es la de servir como decorado de una zona que ha de necesitar cierta "renovación urbana", sea esta patrocinada por agentes gubernamentales con sus respectivas dinámicas institucionales en las cuales pagan un dinero “considerable” al artista de moda para que ejecute una obra que en la mayoría de los casos se reduce a reproducir a escala colosal lo mismo que ubicaron dentro del museo; o por otro lado, pueden las instituciones lanzar esto que llaman una “convocatoria pública”, estilo concurso de arte, donde el premio será aportar precisamente ese decorado citadino oficial, que abarque puentes, columnas, calles o fachadas. 

1,Puente intervenido por el colectivo Azul 401 dentro de la Segunda Convocatoria de Fomento y Estímulo a las Artes Plásticas, promovida por la Secretaría de Cultura Ciudadana, 2.Intervención “Una sonrisa para el Doce de Octubre” dentro de la celebración del Bicentenario 2010, 3. Intervención anónima, se lee “Si la prensa calla entonces, que hablen las murallas”, 4. Grafiti de una comuna de Medellín.
En oposición a esto, quienes son conocidos por la jerga popular como artistas urbanos, recurren a posicionar su estética callejera como una marca territorial a través de grafitis o murales hechos sin el control de la institución. En cierto sentido, el arte público  hecho desde los márgenes del sistema se convirtió en un escape al control, en una irrupción a los mecanismos de poder y entre tanto, a los mecanismos de percepción que impone por ejemplo el museo, desde ese “deber” (como mencionamos anteriormente) de alfabetizar al público a través de lo que conocemos como "alta cultura". Por lo tanto, estas manchas, mensajes y grafos que aparecen en nuestra ciudad son una importante muestra de autonomía de quienes las producen desde la calle y sus detritus, y constituyen entre otras cosas, la manera más democrática de ver y de hacer arte.

Por otra parte, un número importante de las obra que hacen parte del espectro que constituye el arte públicoson un grito esquizoide que en cierta medida ensucia, es un tremendo ruido visual, y digo esto no con un sentido negativo, sino porque el paisaje urbano está constituido por una gran acumulación de pastiches visuales, carteles, grafitis, dibujos, textos, letreros, murales, neones, etc, que protestan precisamente contra esa extrema pulcritud que se asigna desde el cubo blanco para el arte y desde los estándares culturales que impone el poder sobre qué mirar, cómo pensar, en qué creer y cuando actuar.
5. Obra del artista urbano Banksy realizada en el muro de Gaza en Palestina, 6 y 7. Exhibición de Banksy en Sotheby's, una de las  empresas multinacionales de subastas más importantes del mundo.

Sin embargo, el arte público tiene tres enemigos propiamente dichos que al parecer son tres factores que se encargan de desvirtuar sus funciones, porque son los mismos que infieren precisamente en su ideación, producción y ejecución: ¡el enemigo está dentro!:

El primer gran enemigo del arte público es el poder, el rico perteneciente a la “alta cultura” como donante generoso cuyos recursos pondrá al servicio de la patria y por lo tanto del pueblo, en donde uno de sus propósitos es vender un nombre (gubernamental, corporativo o natural) en la ciudad. A esta ciudad habrá que poner un conjunto de ornamentos luminosos, extravagantes, pomposos y atractivos en una suerte de neo-disneylandización (sic) a la "altura y el buen gusto" de algunos ciudadanos que aborrecen al grafitero o al artista urbano menor y que no quieren hacer otra cosa que volver la ciudad un cliché, un refrito desmejorado de las ciudades más “civilizadas”. En otros casos, el mismo poder institucional utiliza la estética urbana nacida desde la disidencia, y la manipula a su favor dando como resultado una intervención efímera o perdurable  en la que el poder se une a la periferia para “vender ciudad”.

El segundo y quizás el peor enemigo del arte pùblico es justamente el público mismo, el  grupo social bicéfalo que se determina por la “gente del común”  por una parte, constituido por la clase media y baja que en la mayoría de los casos se siente marginada, y por lo tanto, se ve conmovida por estas manifestaciones artísticas genuinas y siempre incómodas en contra del poder, pero que al mismo tiempo practican la mala costumbre de estropear, dañar, robar y ultrajar cualquier otra intervención urbana oficial que no esté dentro de sus ideales V de Vendetta. Es entonces cuando el artista se ve en la obligación de pensar su obra considerando la comunidad a la que estará expuesta, en palabras del artista, curador y gestor Carlos Uribe: “Ello supone un compromiso mayor: los enfrenta  a personas que no tienen alfabetización estética. La gente que va a una galería va predispuesta a ver una obra de arte. En cambio, la obra que se lleva a la calle debe dialogar con saberes espontáneos, que no son propiamente estéticos”2
El segundo grupo social lo integra la clase alta, esa a la que generalmente incomoda todo cuanto no este a la “altura del buen gusto”, y son por lo tanto quienes de manera legal, intentan hacer por temporadas estas limpiezas urbanas (para nada honestas) en las cuales esconden lo “feo” movilizando vagabundos, borran murales y grafitis como ocurrió durante el VII Foro Urbano Mundial el pasado mes de Marzo del 2014, o como vimos hace poco cuando según informes de la prensa local tras una orden de la Alcaldía de Medellín, empleados de la Subsecretaría de Espacio Público y Control Territorial, taparon con pintura gris varios de los grafitis realizados en la carrera 43C, entre las calles 8 y 9 en el marco de Pictopía, Festival de Arte Urbano que fue realizado a finales de Octubre e inicios de noviembre del presente año3
8 y 9. Imágenes de las intervenciones urbanas borradas por orden de la Alcaldía de Medellín. En la imagen inferior puede verse una nueva intervención después de que pintaran el lugar.

Es precisamente en este sentido cuando nos percatamos de que el público constituye el peor enemigo del arte público, puesto que encarnan un enfrentamiento de clases, y esto se debe a que sus indicios estéticos se constituyen desde el arte culto, el gusto por lo popular y el folklore. Desde esta perspectiva cabe proponer un interrogante que aparece en el texto de Antoni Remesar “Arte contra el pueblo” y  cuya respuesta dejaremos como tarea de análisis para el lector que nos sigue: ¿Cómo puede ser algo público (democrático) y al mismo tiempo (elitista)? 

El tercer enemigo del arte público es lamentablemente el artista; ese ciudadano deseoso de alcanzar un nombre y hacer un capital cuando responde de manera servil al Estado, haciendo de su arte cualquier extravagancia siempre y cuando sea del gusto de la “gente culta” o del poder, sin importar si le es desleal a su autonomía creadora en tanto esto, signifique la oportunidad de llenar sus arcas. Este aspecto no ha de ser muy importante y se olvida en el instante mismo en el que el artista cree que está al servicio de eso que la propaganda llama “crear ciudad”. Es decir, el artista que propone su trabajo desde el arte público, oscila entre el halago al poder con la muy progresista identificación del auxilio social, o bien pretende dejar su huella con sus producciones en tanto actos convulsivos con el afán de irrumpir en esa especulación inmobiliaria donde el aburrido poder geometrizante y la asepsia arquitectónica (porque “no somos animales” y hay que olvidar el sentido de tierra) no deja otra salida que la de marcar territorio, (paradójicamente igual que el animal), sobre todo en una ciudad donde nadie es realmente importante salvo por el asesino o el violador,  el cual, logró por un momento la hazaña de que el público vuelva a ser “el pueblo unido” durante los tres minutos que dure la noticia4. A partir de ese momento y de esas no alentadoras circunstancias, aparece el artista que está dispuesto a solemnizar la tragedia, normalmente a través de becas de cultura (siempre que haya capital, porque del altruismo tampoco se vive) mediante un buen monumento que ha de servir de letrina a vagabundos y perros o de lugar para fotos y selfies (incómodo o absurdo para los menos entendidos) pero aleccionador y moralizante. 

10. Turistas se fotografían sobre el Monumento a los zapatos viejos, homenaje al poeta Luis Carlos López en Cartagena de Indias, 11. “Los niños de Villatina” Monumento ubicado en el Parque del Periodista en Medellín.

Si tomamos en consideración la importancia de los eventos que se producen a consecuencia de las contradicciones que manifiestan el poder institucional, el público y los artistas, el arte público no configura en absoluto, según esto, un nuevo y más justo espacio político sino que lo coloca en entredicho: Ya sea al poner en manifiesto la enfermedad social justamente cuando el posmoderno hombre citadino intenta evadirla fotografiándose y divirtiéndose en los solemnes monumentos, ya sea en cambio por la lucha obstinada del público mismo contra los espacios oficializados, o bien, al introducir en las esferas marginales de la urbe la voz de los muertos, en un sentido de “patria” que cree honrarlos mediante un monumento fúnebre y austero que como ocurrió con “Los niños de Villatina” ubicado en el Parque del Periodista en el centro de Medellín que conmemora la masacre de un adulto, siete jóvenes y una niña de ocho años en 1992, este hecho como “solución amistosa” con el fin de “subsanar” el daño para los afectados incluyendo a sus familiares, no significó nada, el rechazo fue inminente, lo consideraron como un gasto de dinero innecesario y los niños, para sus padres, quedaron muy mal ubicados, en medio de borrachos, drogadictos y nocti-vagos y entre las complicidades y perplejidades de peligros, fragmentos de vida, risas, droga, alcohol, pájaros, ratas…
Esa cualidad utópica que caracteriza al arte público no ha podido tener solidez gracias a estas nombradas circunstancias.
La calle precisamente es un mecanismo digestivo que se alimenta de todo  sin desechar nada”.5

sábado, 17 de enero de 2015

LA "OTRA" SITUACIÓN DEL ARTE EN MEDELLÍN


Fuente:http://www.elcassetteblog.com

Hace apenas unos días, cuando me encontraba en un intento de vacaciones en mi primer día de sol, aparece compartida repetidamente en las redes sociales la posición respecto a la situación del arte en Medellín publicada por el artista Félix Ángel, un pintor que ha tenido una trayectoria bastante significativa y ha realizado interesantes aportes como la publicación de los textos “Nosotros” que fue el inicio de una investigación sobre arte en Medellín y “Nosotros, vosotros, ellos” publicado en el 2008 el cual proponía una mirada retrospectiva al arte de los años 60, y que ha funcionado como soporte informativo para las nuevas generaciones (la mía por ejemplo) sobre qué ha pasado en nuestro arte más próximo. Esto no deja la menor duda de que sus acotaciones son valiosas, por lo tanto, este no es un texto respondiendo a su postura de forma radical, y diciendo que es un “mala leche”porque dijo la verdad, esa que tanta falta nos hace y que sin duda a tantos ofende convirtiéndose en generadora de pataletas y lloriqueos.
En este texto solo quiero rescatar asuntos en los cuales tiene una razón irrefutable, pero también hay que señalar algunos aspectos en los que no la tiene tanto.

Primero, se evidencia en el texto que el autor posiciona su opinión desde una lejanía contextual del que no se confronta con el hablar desde el aquí y el ahora, sino que se apoya en los chismecillos de “algunos amigos” (habría que ver quiénes son esos "algunos", y si hablan desde dentro de la actividad artística en Medellín o si lo hacen desde la pataleta que genera el malestar de sentirse renegados, como generalmente solemos hacer cuando nadie nos presta atención), y en el remilgue que asiste la actitud del “todo pasado fue mejor” aunque según pude leer, para el señor Félix Ángel la cosa es más lamentable todavía porque aún seguimos “llevados,” y por lo tanto nunca hubo un "pasado mejor".

El primer punto que se expone, es que la ciudad no se ha recuperado de lo que fue la terminación de la Bienal y que aquello afectó potencialmente el mercado del arte y con ello el interés por el arte como experiencia de vida; pues bien, hay algo cierto en cuanto al estado deplorable y árido a nivel de coleccionismo que, evidentemente no existe pero, que esto haya traumatizado el interés para rodearse de arte como parte de una experiencia de vida, eso sí que no es cierto. En este punto se cae en el error de atribuir a Dios lo que es del Cesar, es decir, mezcla el estado mercantil con el interés de acercarse al arte y volverla experiencia de vida a sabiendas de que el arte como experiencia más allá del mercado es otra cosa. 
A diferencia del estancamiento que esta visión propone, en asuntos de fomentar el interés artístico en la ciudad, proponer eventos y dinamizar el medio artístico, Medellín está más movida que nunca, tenemos espacios independientes que luchan por ejercer un balance entre la burócrata institución y los procesos externos de los artistas más jóvenes, tenemos centros culturales, el Museo Casa de la Memoria, el Museo del Agua, se han abierto nuevos espacios de exhibición, tenemos más  bibliotecas con salas expositivas, están surgiendo galerías nuevas (que sean malas o buenas eso aún hay que verlo) y cada día aparecen proyectos experimentales institucionales e independientes donde se pueden confrontar procesos y contextos, vidas y memorias. Entonces esto afirma que definitivamente sí cultivamos un interés por rodearnos de arte como parte de una experiencia de vida. El arte no es (hace mucho rato no lo es) pintar un buen cuadro y venderlo "bien"; de hecho, sabemos que el arte no son ni las ferias, ni las bienales, ni las subastas, estas sólo son condensadores de públicos específicos donde se puede apreciar el arte, (en ocasiones, cuando hay).

Tampoco ha de ser verdad que se estranguló el nexo que se había creado culturalmente entre Medellín y el resto del mundo, de hecho si no estoy mal este año Medellín será una de las ciudades que harán parte del próximo Art Destination, un programa de difusión y documentación que es realizado en la plataforma Universes in Universe, donde se documentan los eventos más importantes del arte alrededor del mundo.
Es muy cierto sí, que lamentablemente cargamos con el estigma de ser la ciudad de las putas y la droga, pero francamente seguir machacando en estos repudiables sucesos de nuestra cultura, es similar a seguir mostrando al público televidente estas repugnantes narco novelas con la disculpa de que “no hay que olvidar la historia”. Entonces mi pregunta es, ¿cuándo podremos avanzar? Ya sabemos que aquí reconocen más a las mujeres prepago que a las mujeres artistas porque a los hombres les servimos más con las piernas abiertas que pensando y creando, pero seguir rumiando esto como abuelo en mecedora, tampoco es muy aportante. 

Debo aclarar algo muy cierto, y es que el autor habla desde las experiencias que los años de trayectoria le han revestido y por los cuales sus letras tienen una posición escéptica y amarga (en apariencia), mientras que yo, apenas con poco más de un cuarto de siglo, tengo una mirada un tanto más positiva sin negar nunca las infamias del sistema, pero intentando recordar que no todo es blanco o negro, y presiento, que el texto nos quiere persuadir de que el estado del arte en Medellín es negro como un abismo; pues bien, yo no creo que sea así, lo que pasa es que la quejadera sobre las cosas malas que pasan es abismalmente más poderosa que la voluntad de levantarse y hacer que las cosas buenas pasen.

En cuanto a las relaciones Medellín-Bogotá y el ya conocido y odioso centralismo, es indudable que aquí seguimos “montañerizados” a más no poder, que aún queda mucho remedo del mal gusto narco de los ricos ignorantes que no diferencian el arte de los pegotes ni los cachivaches (algunos artistas tampoco lo hacen), pero es indudable también que algunos de los agentes culturales de la capital han tenido que reconocer a Medellín como una ciudad donde definitivamente se hace muy buen arte hace mucho rato. Desde este punto, el problema no es ni siquiera que en Bogotá se sigan movilizando a través de la endogamia cultural, "Nosotros y nuestro ombligo, nuestro ombligo y nosotros", el problema es que los paisas somos unos vendidos con complejo de inferioridad que ante cualquier guiño corremos como borregos y cuando no, nos quedamos esperando a que se acuerden de nosotros por allá donde hace frío, a sabiendas y ha quedado más que demostrado con el anterior Salón Nacional de Artistas, ese que le tapó la boca a más de uno y el único en mucho tiempo que trato a los artistas como artistas y no como pordioseros recibiendo limosnas, (así también hayan hecho berrinche los excluidos) que nosotros en Medellín tenemos absolutamente todo el potencial, la infraestructura y hasta a las personas para descentralizar el sistema del arte (aunque ni nosotros mismos lo queramos creer) sobre todo si dejáramos de invitar a los curadores de afuera a que en lugar de investigar el sistema artístico local, se instalen en los eventos con sus “amiguis” foráneos y cual avistamiento de OVNIS, los artistas de Medellín, se queden como bobitos mirando para el páramo mientras nos meten el golazo. Esto ha sido muy característico sobre todo en los MDE anteriores, que como menciona el texto y con razón:

(…) es una feria de vanidades incomprensible para el público, realizada a un costo enorme y de una inutilidad comprobada en cada una de las convocatorias anteriores, que ha ignorado consistentemente cualquier talento local, pero muy entretenida y beneficiosa para curadores invitados, asesores de plataformas conceptuales y toda la palabrería al uso que tanto excita a quienes la utilizan como jerga que les permite reconocerse entre sí a los de la misma tribu, pero enajena al ciudadano que, de una manera u otra manera, es un contribuyente forzoso con sus impuestos y pasividad”

Pese a esto, no deberíamos adelantarnosen satanizar lo que no se ha probado en este 2015, es probable o por lo menos esa es mi esperanza, de que con la nómina de curadores y especialmente con el curador seleccionado para Medellín, este aspecto de vanidad, inutilidad, plataformas superficiales y espectáculo cosmopolita pueda transformarse en un evento que fortalezca la relación cultural de Medellín con el mundo, los procesos internacionales en relación a los locales, pero sobre todo que nutra los espacios propios de ciudad, su infraestructura, y que proponga una reflexión histórica desde un estudio y una buena  investigación.

Lamentablemente y no hablo sólo por mí persona, no puedo estar de acuerdo con la posición que sólo descalifica la labor de los dos museos principales, no es uno y medio, son dos, cojean pero se mueven y, aunque es evidente que ambos museos tienen deudas grandes con los artistas, especialmente al incluirlos en sus casi inexistentes colecciones, con el público y con su misma infraestructura, no podemos negar quienes vivimos aquí en Medellín que en los últimos años especialmente desde la re inauguración del Museo de Arte Moderno en Ciudad del Río, así las llamen importadas o “descontextualizadas”, se han realizado exposiciones que han sido un valioso aporte cultural y hasta pedagógico sobre todo para el público más “montañerito” como supongo lo llamará el maestro, y también para el público más joven que aún está en formación académica, el cual, a pesar del arribismo modo-ON en el que vivimos incluso desde las facultades (ese arribismo tipo señora emperifollada de traqueto vieja guardia que puede ver uno en las exposiciones y sobre todo galerías) otro segmento del público y otros estudiantes no poseen los recursos económicos suficientes para viajar a ver las obras de por ejemplo William Kentridge, Sophie Calle, ORLAN, o hasta a Neto. Sí señor, es que no todos se pasean por el mundo como si estuvieran en la sala de su casa y es una maravilla que muchos puedan hacer esto, pero por fortuna, estas muestras importadas  y “descontextualizadas” existen, como decían las abuelas paisas “bendito sea mi Dios”.

En cuanto al museo como pasarela de modisto frustrado y mochilero neo hippie o pseudo intelectual, además goterero, ¿de verdad creemos que este fenómeno sólo pasa en los museos de Medellín?  Absolutamente no, es más, entre más "cosmo" y civilizada la ciudad, mayor es el nivel de pseudos, así ellos vistan PRADA o LV y aquí vistamos ropitas de diseñador "frustrado". Y eso que el texto es puntual en que estos son espacios de arribismo, lo que me da a entender que muy  probablemente en las inauguraciones y los eventos del  MOMA, el Louvre o el Guggenheim se respira un aire de humildad y altruismo insuperable ¡Si, como no!  En relación a este punto puedo decir que la mochila o la ropa no impide que una persona así sea en un minuto de su tiempo y de su vida pueda disfrutar o reflexionar gracias a una pieza, un dibujo o una instalación que albergue el museo, si esto sucede, si hay una transacción real entre la obra y quien la observa no importa ni siquiera si el resto de la noche se la pasó tomando licor gratis.

Crítica si hay, oficializada y jerárquica no tanto, pero es que ni en la capital, porque uno lee los textos de los críticos de allá, esos que sólo escriben, promocionan y le dan premios a los amigos y francamente uno tiende a pensar que tampoco hay nada. Quizás la ausencia de crítica se refiera a la inexistencia de figuras colosales como Marta Traba y en eso sí tendría mucha razón; es una pena, porque ahora más que nunca un filo como el de su pluma es lo que hace falta, sobre todo porque estamos en esta aparente posmoderna época del “todo vale” lo cual, sabemos que no es cierto. Y en cuanto al periodismo cultural ahí no puedo refutarle nada, tiene usted toda la razón, ¡es vergonzoso!

El mercado artístico es una falacia, eso también es verdad, las academias de arte también contribuyen un poco al estado de pasividad mental y mediocridad artística, sobre todo porque al estudiante le vacían un balde con nombres de teóricos que hay que aprenderse, pero sobre arte local e historia no saben absolutamente nada; esto acontece porque no hay exigencia académica alguna debido a que los estudiantes cada vez más artistas  ellos desde que tocan el primer semestre, no se les puede si quiera mirar, ponen la queja o arman su berrinche de adolescente y es por eso quizás que a nadie le interesa tampoco hacer crítica de arte ahora, es que lidiar con el ego de los pseudo artistas berrinchudos que a cualquier cuestionamiento reaccionamos como hienas asustadas (lo acepto, yo lo hago) si es muy mamón.

Finalmente el concepto del artista antioqueño egoísta y avaro es una realidad en la que todos nos movemos, pero, como mencionaba anteriormente en otro punto, no me van a decir a mí que en los contextos donde sí se moviliza el mercado del arte sólo hay arcángeles, eso quisiera verlo. El egoísmo existe donde exista un hombre de pie, así que adjudicar esta cualidad sólo a los paisas es inaceptable, ni que decir de los artistas en otras ciudades, por ejemplo ¿El centralismo capitalino, qué no es eso egoísta? Entonces ¿Por qué esta agüita sucia sólo para los paisas? La novelería y la envidia son absolutamente reales aquí y en Tombuctú a pesar de apodarse la ciudad de los 333 santos, entonces en este sentido un texto que podría ser un buen llamado de atención para que revisemos nuestro estado actual, se volvió una cantaleta como el mismo Felix Ángel muy bien lo dice, que parece escrita diez años atrás por el resentimiento de un artista que no ha tenido en absoluto éxito siendo paradójicamente esto lo contrario.
Desafortunadamente el texto se leyó y se releyó sin ninguna profundidad de análisis, lo compartieron muchos de mis contactos en Facebook y la única posición al respecto era decir que todo cuanto allí se escribió es “verdad” identificados todos con el mismo desprecio con que tratamos a los demás. Lo peor de todo es que luego de esto muy seguramente todos los que simpatizaron sin un mínimo nivel de análisis  de si las cosas son tan así o si no lo son tanto, van a seguir rascándose las nalgas sin moverse de la silla mirando en Facebook otro artículo que nos recuerde lo "llevados" que estamos, pero ninguno va a hacer nada al respecto.

Si realmente el maestro Félix Ángel tiene la razón, lo que hay que hacer en lugar de quedarnos esperando a que otro de afuera nos diga lo que ya sabemos, es movernos más, investigar más, enviar más propuestas a las convocatorias (no sea mediocre y deje de escudarse en que hay rosca) proponer más proyectos, dejar de lamerle la suela a los de afuera, hacer autogestión, abrir más espacios participativos, los museos deben encontrar la manera de adquirir más piezas de sus artistas y no esperar a que les donen todo, hay que dibujar más, pintar más, esculpir más, leer más, escribir más, proponer en lugar de quejarse, porque de otro modo le seguiremos dando la razón a una persona que por aquí no asoma las narices y por allá ya se ha hecho su capitalcito mientras que nosotros como babosos al igual que el perrito con la astilla en el trasero, nos quedamos sentados rumiando y enterrándola más, cuando lo que debemos hacer es levantarnos y actuar.


martes, 25 de noviembre de 2014

LA DECISIÓN DE ESCRIBIR

Recuerdo que hace un tiempo atrás, me angustiaba la idea de pensar que el medio artístico era un monstruo devorador de personas ingenuas que los convertía en seres envidiosos, sin ética, materialistas, arribistas y perversos. Crecí un poco más y el miedo fue totalmente superado, sobre todo porque ahora sé que esto es cierto. Afortunadamente, no todos los que integran el sistema artístico tienen este perfil infame. Te puedes encontrar con personas interesantes, sinceras y coherentes que, aunque no lo crean, se interesan por ayudar a los artistas más jóvenes, sin necesidad de pedir algo a cambio. Yo en algún momento me crucé con esta clase de personas y puedo considerarme afortunada.
Sin embargo, mirar al monstruo de frente y hacerlo sin temor no es una tarea fácil. En repetidas ocasiones estamos tan indefensos y nos sentimos tan a la deriva de la incertidumbre del éxito y la certidumbre más próxima del fracaso, que por este mismo terror algunos de mis colegas, compañeros de luchas han tomado la decisión de desistir. Se alejan del medio artístico, reniegan contra el arte, hablan de la rosca, de la mafia, de las leyes de silencio, de las conveniencias, de las poses esnobistas, del materialismo, de los que se piensan sabios, de los docentes mediocres, de los premios injustificados, del tráfico de influencias siendo esto lo que más abunda, de la poca valoración al esfuerzo, de la malsana manifestación de compincherías, de los localismo, de preferir los títulos sobre el talento, de la crítica hasta a lo que vistes en una exposición... y todos esos vicios que no hacen otra cosa que alimentar al monstruo que siempre quiere tragarnos. Mis colegas tienen razón, es abominable. No obstante, hay algo tan especialmente mágico en el arte, y no es otra cosa que la virtud del intelecto, de la creatividad y del espíritu, de la insistencia trabajando conjuntamente, y que, sin duda, sigue siendo la manifestación de la capacidad del hombre para crear, diseñar, interpretar y construir su propio mundo. El arte es la razón de vida de los artistas cuando éstos se comprometen verdaderamente con ella, y es así cuando surgen las obras de arte. No las otras, las pseudocreaciones superficiales para aparentar o figurar.

Decidí escribir sobre arte porque creo en ella y creo que vale la pena. Quienes escribimos, sabemos que es una necesidad que aflora cada vez que algo nos inquieta. No se escribe por obligación, sino por convicción de que aquello sirve de algo. Así, la mejor manera de exorcizar a todos esos demonios que rodean este sistema, en mi caso, es escribiéndolos, nombrándolos, llamando a las cosas por su nombre, tal cual son, sin temor a los desdenes de los más falsos, dejando las verdades fijas ahí, en el papel, en la pantalla, en la mente y en la consciencia del lector. 

Martin Seen


Apenas era una estudiante cuando una de esas personas grandiosas que mencioné anteriormente me dijo con mucha franqueza 
"La única forma de lograr que le presten atención, si no tiene amigos con poder ni familia rica, es insistiendo, hasta que se cansen de uno." 
No volví a ver a este personaje luego de esa última conversación; lo conocimos como Adolfo Bernal, fumaba demasiado y supongo que esta era una de las formas con la que ambos producimos empatía. Fue un gran docente en Bellas Artes, pero la ignorancia de quienes están en esta institución es tanta que no tenían una idea de quien les estaba dictando sus clases. Generalmente, la soberbia de los estudiantes no les deja ver lo que tienen frente a sus narices, y sigue pasando así, con maestros que vale la pena valorar. 

La escritura surgió a partir del año 2007, cuando empecé a percatarme de lo que estaba pasando a mi alrededor. Apenas salía de la etapa pueril de creer que el arte consistía en manejar bien unas pinturas y tener cierto grado de habilidad técnica. No iba mucho a exposiciones porque ya me habían hablado del monstruo arribista y excluyente, pero a veces lo intentaba. Así que me arriesgué a escribir eso que todos saben, pero que nadie dice y curiosamente publicaron mi artículo en el periódico universitarios PROGRESIVO. Luego, muchas personas comenzaron a preguntarme por qué había escrito eso, la alarma era sobre todo porque el texto comenzaba con una frase de Bernardo Salcedo bastante particular y generalmente los textos que se publicaban en este periódico (que ahora es revista) no contenían ni el más mínimo pensamiento crítico frente a la institución o al sistema del arte. Casi siempre se componía de textos áridos, llenos de pomposas alabanzas, incluso hasta a su su propia mediocridad, así que ya se imaginaran lo que sucedió con la frase de Salcedo "Lo que pasa es que existe la idea de que el arte es un espectáculo, y de que el artista es una Vedette que tiene que salir al escenario dos o tres veces al año. Por eso aquí se ven muchas exposiciones y poco arte. Se debe exponer cuando hay algo claro que decir, no cuando se tienen muchas obras". 
Tiempo después decidí crear mi blog, una herramienta que gracias a nuestra era tecnológica me ha servido para compartir con ustedes mi trabajo. 

Allan McCollum 
¿Qué pasa con la escritura sobre arte?

Pasa que lamentablemente es un género que está dividido entre la acartonada academia, donde quienes escriben son historiadores, sociólogos, filósofos, o críticos de artes, que son historiadores, sociólogos o filósofos y generalmente son texto de encargo para catálogos, revistas especializadas o libros; y del otro lado, se mueve eso que algunos llaman "periodismo cultural" donde quienes escriben son periodistas que generalmente graban las barbaridades que dijo el artista de manera descuidada, y transcriben el texto sin ninguna clase de criterio o seriedad analítica alguna. Estos textos aparecen cada día en los periódicos y en ocasiones son vergonzosos de leer. Comúnmente contienen errores en fechas, nombres, ortografía, datos y a quienes los escriben les pagan por ello. Sin embargo, también existen, por fortuna, algunos textos periodísticos mucho más serios y con un nivel crítico más elevado.
Lo cierto es que en mi caso, ni soy periodista, ni soy historiadora, ni soy filósofa, ni esteta (aún). Soy alguien que se apasiona por escribir sobre arte, con la claridad del quién, qué, cuándo y cómo y con la sinceridad de alguien que ha tomado pentotal. Generalmente, mis publicaciones son para revistas emergentes o en mis dos blogs porque siempre me encuentro ante un problema de "rol" y de actitud con quienes leen mis textos, así que mantengo algunas reglas a la hora de escribir: 

-Dejar de lado los juicios totalitarios acerca de lo que SI es o NO es arte y prefiero dejar una pregunta abierta. 

-No me distraigo en lo buena persona que es el artista de quien escribo, no me dejo manipular por el miedo a los enemigos y menos jerarquizo mis textos de acuerdo al grado de amistad que conmigo puedan tener.

-Procuro no manejar la ley del silencio para protegerme de los miramientos.
-Suelo escribir sobre lo que realmente me mueva hacerlo, nunca escribo un texto por la imposición del alguien más.
-No pienso escribir bien acerca del trabajo de un amigo, a menos que de verdad lo sienta así. Tampoco pienso escribir algo negativo sobre alguien por el hecho de que éste no sea de mi agrado o tengamos algún problema personal. Lo personal no entra en mis textos y eso debe ser la regla principal de quienes escriben.


Stefan Bruggemann
-No escribo sobre personas, escribo sobre las circunstancias en las cuales pueden estar envueltas, es decir, nada es personal; escribo sobre arte y espero que los artistas y agentes del medio lo tomen con la seriedad y la madurez que debe hacerse.
-Intento manejar un lenguaje muy próximo a todos, por lo cual, trato de no usar muchas citas a Deleuze, Baudrillard, Lyotard, Lacan, Foucault, Vattimo, Derrida, Lipovetsky, Durkheim o Bourdieu, aunque en ocasiones las siento necesarias.
-No me interesa mucho eso que algunos llaman "Políticas institucionales"; que no es otra cosa que demagogia institucional. 
-Suelo evitar adular, porque suelo evitar la hipocresía.

Finalmente, escribo porque lo siento necesario intelectualmente y porque es la única manera de superar ese letargo tan característico de nuestros días que solo valora a la luz de las conveniencias y casi nunca valora a la luz de la verdad.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Y EL ARTE ¿SI ES PARA TODOS?

Comienzo esta nota con una frase de Piet Mondrian que puede englobar de este texto su idea "El arte no está hecho para nadie, y es, al mismo tiempo, para todos". Y con ella quise comenzar, porque me encontré algo decepcionada al percibir la falta de tolerancia, la soberbia, el rencor y la ignorancia que puede acompañar cada uno de nuestros comentarios o pensamientos, cuando de analizar a la luz lo que decimos respecto a una situación se trata. 
Hace unos días, el Museo de Antioquia publicó una fotografía de dos agentes del servicio policial de nuestra amada Medellín, mirando de manera curiosa, como lo puede hacer usted o como lo puedo hacer yo, unas obras que se encuentran exhibidas actualmente en el museo y que hacen parte de la exposición recientemente inaugurada. La imagen no es ningún montaje como algunos aseguraban a modo de burla, la fotografía es real, estuve en la inauguración y pude ver a muchos policías en el museo cuya misión principal en ese momento y durante todo el protocolo, fue procurar la seguridad de tan hermoso e importante evento para nuestra ciudad. La exposición Encuentros  Mexico - Colombia.
La fotografía en mi caso me generó simpatía por vera los agentes (que también son humanos y también tiene imaginación, sienten curiosidad y pueden emocionarse frente a la belleza) observando las obras de arte que había en la muestra, en realidad me conmovió de manera positiva esta imagen; sin embargo parece que para un gran conjunto de nuestro público también "conocedor" (la buena gente), no podía ser posible que un uniformado deseara ver arte pues lo único que pudieron hacer fue acompañar de burlas, insultos y señalamientos esta situación en la redes sociales.

Entonces mi pregunta es la siguiente ¿Un uniforme impide a un hombre, libre y consciente desear por curiosidad quizás, ver una obra de arte? ¿Dónde les queda el discursillo ramplón a la gente de mi ciudad de que es “la más educada”? y si es la más educada ¿Por qué esta imagen causa tanta conmoción y se responde al verla con tanto odio? ¿Acaso el arte no es para todos? ¿ Acaso el arte no proporciona un pensamiento libre y elevado? ¿Acaso el arte no es "humanista"? ¿O soló es para los que se creen sabios?

Es muy probable que la policía de nuestra ciudad no sea la institución más querida por todos, pero estoy segura de que cada humano, como ser individual, sin uniformes ni etiquetas, ha de tener esa curiosidad y esa creatividad innata con la que todos nacemos y por la que todos seguimos siendo niños geniales; si el arte ha de servir para que un militar, policía o cualquier hombre sobre la faz de la tierra expanda su mente, transforme sus ideas y sea, más humano, deberíamos estar felices por ello, y no por lo contrario denigrarlo o burlarlo. ¿Te estás dando cuenta de tu nivel de absoluta ignorancia?

Un cineasta burgués como Roberto Rossellini se hacía esta pregunta: "¿Para qué sirve el arte? ¿Crees que el sueño de un hombre puede ser levantarse al a mañana para ser un artista? El sueño de todo hombre debe ser justamente ser hombre". Y ese ser hombre del que hablaba Rossellini, incluye el ser capaces de entender  y respetar al otro desde sus diferencias, de entender que el arte puede ser un camino que nos envuelve a todos con la misma sinfonía creadora y que por ende, deberíamos aprender a tolerar a los otros como parte de esa creación. Quizás, quienes juzgaron, se burlaron y denigraron a los dos policías que miraban arte en un museo, también les hace falta muchas cosas en la vida por ver, por sentir y por experimentar. Yo no puedo estar segura, cuántos de ellos se sienten felices en un museo, pero quizás, sea el momento de aplicar esa #Paz de la que todos en este país hablan, de la que todos se lamentan por inexistente y que por ello, a su familia la tiene agobiada este sistema; pero ¿Sabe quién hace parte de esta montaña de violencia que hace parte de ese sistema del que tanto suele quejarse? ¡Usted!, yo, y  todos nosotros, nosotros con esta clase de prejuicios, comentarios, chistes y miramientos.
Realmente si no empezamos a ver lo positivo de las cosas, tolerando a los otros desde situaciones cotidianas o "extrañas" como esta ¿Por dónde cree usted que se comienza a generar eso que a todo el mundo le gusta llamar paz? ¿Sabe usted qué está con esa palabra tan corta nombrando?
Los discursos que implantan los museos en las propagandas publicitarias de que "Son para todos" deben ser más que un panfleto, una realidad, y quienes deben contribuir a que esto suceda, debe ser el público mismo.
Ojalá en cada exposición hayan más policías viendo arte, más barrenderos, más señoras del servicio, más vigilantes, más conductores de buses, todos ellos con sus uniformes, sin sentirse juzgados por ello, a ver si así dejan de ser una parte aislada de la sociedad y de la “alta cultura” y a ver, también, si tanto ellos como nosotros, cambiamos nuestra percepción sobre las personas, sobre la vida, y con ello, nuestra errada percepción del mundo.




martes, 4 de noviembre de 2014

XVIII Salón de Estudiantes de Bellas Artes 2014

Pensando un poco sobre cómo iba a comenzar este escrito, recordé que en el año 2012 escribí un texto acerca del Salón de Estudiantes de Bellas de ese año. Siendo franca y leyéndolo nuevamente, considero que fui bastante destructiva y poco generosa tanto por el desconcierto que me generó observar en la muestra una pérdida absoluta por el interés a realizar trabajos con medios como el dibujo o la pintura -salvo por un par de propuestas- como por el malestar de ver en casi todas las obras una factura bastante descuidada y poca coherencia en la formalización de algunos proyectos; en ese entonces se podía percibir en los estudiantes un afán desmedido por encajar sus trabajos en lo que sería para la institución los “nuevos medios”: video, instalación, performance, o arte VIP como lo llama despectivamente la crítica mexicana Avelina Lesper. Ese año los resultados no fueron muy acertados.

Este año tuve la oportunidad de presenciar una evolución bastante significativa en el desarrollo de las propuestas de los estudiantes que conforman el actual Salón. Se siente un aire de ascenso para Bellas Artes tanto en la calidad de las propuesta que están presentando los estudiantes como en su componente académico y esto, no puede ser otra cosa que el resultado de un proceso de transformación —que ha sido arduo— por el cual se comienzan a ver los frutos de la disciplina y la perseverancia que han tenido en estos últimos años.

Para esta versión se propuso un eje temático: “ENTORNOS URBANOS: Memoria, territorios y transformación”. Respecto a este punto, me considero un tanto escéptica a que los Salones de estudiantes incluyan curadurías o “temas”, en tanto que ya tenemos suficiente afuera de la academia con esos bombardeos curatoriales que en ocasiones tanto daño hacen como para que sesguen las motivaciones individuales sobre el por qué y para qué de una creación en el ambiente universitario.

Generalmente, para la mente de un estudiante con bríos de éxito, será más apropiado enfocar su trabajo sobre una problemática o sobre otra teniendo en cuenta lo que está o no está de moda y esto, constituye un precepto terrible en las decisiones de los estudiantes sobre desde cuáles contextos sustentar su propuesta. Desde esta perspectiva, este aspecto puede ser peligroso cuando no conductista e injusto, pues constituye una forma de excluir y negar la posibilidad de participación al estudiante que no desea re-acomodar su trabajo para que encaje con la “propuesta curatorial” como suele suceder comúnmente en convocatorias y eventos en los cuales el artista “hace su tarea” para poder figurar.

En relación con las propuestas, los medios utilizados estaban bastante variados, pues hubo pintura, dibujo, fotografía, objetos cotidianos, materiales precarios del arte povera, trabajos donde se exaltaban las estrategias participativas y en este sentido, la discursividad de una estrategia artística comprometida y la sociabilidad fueron las preocupaciones centrales de las obras sin dejar de lado la buena factura y su presencia en la exposición. Es decir que casi la totalidad de los trabajos, manejaron el justo equilibrio entre el discurso (logos) y la habilidad para formalizar la idea (techné).

En la primera planta nos dan la bienvenida dos trabajos de dibujo, uno bidimensional, donde el virtuosismo técnico sale evidentemente a la luz en el trabajo de Johan Salazar Cano quien recibió una mención en Artes Plásticas con una obra hiperrealista elaborada con esfero azul y tres figuras tridimensionales en hierro de Ricardo Alfredo Ochoa que connotan lo que conocemos como dibujo expandido dentro de las nociones plásticas del arte hoy.

Avanzamos y nos encontramos del lado izquierdo con el trabajo de Leifer Hoyos Madrid titulado “Herbaria Vestimanta” el cual “… Es una construcción dibujística en la que interviene el collage y el material textil como elementos fundamentales de la composición”. La propuesta hace una selección botánica de flora autóctona y extranjera donde cada dibujo juiciosamente elaborado es una personificación de las flores compiladas que encarnan el elemental de la planta. En el mismo espacio hay dos fotografías de arquitecturas que proponen cierta mirada hacia la abstracción y luego tenemos el trabajo de Felipe Augusto Rodríguez quien recibió la mención en Diseño Visual, sorprendente para mi no porque haya considerado que el trabajo no lo merecía, sino porque indudablemente parecía realizado por un artista y no por un Diseñador. Se trataba de un conjunto de registros fotográficos de varias intervenciones realizadas en algunas cajas de control semafórico de la ciudad; los registros estaban acompañados por uno de los objetos intervenido.
Avanzando, en el pequeño nicho semicircular encontrábamos tres fotografías tituladas “Memorias deterioradas” de Carolina Echavarría Severino. En la sala final de la primera planta algunas series fotográficas de Laura Tobón Echavarría y Estefanía Jurado, tres trabajos de pintura, una simpática máquina de Iván Darío Moreno Vera con una curiosa viejecita, un muy buen objeto de diseño elaborado en madera de Angie Silva García quien recibió otra mención en Diseño Visual, una serie de ilustraciones digitales que me ha gustado bastante de Andrés Felipe Hernández Gómez, y una instalación formalmente impecable, aun teniendo en cuenta que uno de sus elementos era la tierra, titulada “Más allá del cuerpo” de María Isabel Ospina Madrid.



Subiendo las escaleras tenemos los trabajos fotográficos de Eric Robledo y Lina Marcela Ardila. En la segunda planta fue absolutamente destacable la serie de dibujos sobre batas de politex de Andrés Sánchez Muñoz titulada “Pasión de Sebastián”, la obra se destaca sobre todo por la fuerte presencia que tiene en la sala. En este espacio también observamos una serie de tres collages digitales realizados por Angélica Restrepo y Eric Robledo, una base de piso que contiene pequeñas piedras, hojas, ramas y elementos naturales ubicados de forma ordenada creando una especia de mandala natural, nada extravagante, nada ambicioso pero muy bello. También se dispuso el registro de un performance bastante interesante de Ixia González titulado “Cotidiano”, realizado el día de la inauguración, en el cual, la artista ejecuta una rutina de arreglo personal como peinarse y maquillarse pero con las manos atadas a su espalda. Finalmente, observe la obra de María Alejandra Villa quien fue merecedora del Premio en Artes Plásticas con una obra impecable que cosiste en una muy interesante serie de tablas de patineta intervenidas con impresiones sobre vinilo transparente tituladas “Lenguaje transformado”.



Finalizamos el recorrido en el piso superior donde tenemos una serie de ilustraciones de animales, el trabajo fotográfico titulado “El blanco y lo negro” de la estudiante Astrid González quien recibió otra mención en Artes Plásticas y cuyo trabajo propone una reflexión sobre los procesos de etnicidad e identidad retomando los conceptos luz (blanco)-oscuridad (negro) en relación con sus connotaciones culturales.
En esta sala sobresale la instalación titulada “Polvo eres” del Colectivo Arco Iris, constituida por una maleta, cemento y tierra roja, elementos acompañados de una intervención en la pared. También en esta sala la obra de Juan Camilo Correa Quintero “Estudios para un muro de contención” y Boceto de “El fusilamiento del tres de mayo”, una fotografía que nos enseña a siete niños apuntando a un adulto con falsas armas de fuego, construidas con chatarra y maderas encontradas en la ciudad. (Especulo sobre este último detalle). 


La muestra se construyó desde una museografía que fue bastante limpia y procuró que cada obra habitara un espacio justo, sin aglomeraciones ni atiborramientos, y en relación con el eje conceptual, pudimos ver cómo los casos particulares también son universales, donde obras  que pueden estar a mitad de camino entre la instalación que fue “pública” cuyos elementos se llevan a la sala y se vuelven “privados”, la pérdida del miedo a recuperar el abrazo tradicional de los padres como la pintura o el dibujo, la apuesta por resaltar medios tan controvertidos como el performance y el archivo fotográfico, señalan el giro distintivo que ha tenido la institución frente a los paradigmas que nos plantea el arte reciente.

Cuando se sale de la muestra, uno queda con la sensación de que hay cierta fraternidad en todos los trabajos, se impuso en este Salón —aunque no en todas las piezas— la discursividad social que en palabras de Hal Foster se convierte en Una forma pragmática de hacer y mostrar, de hablar y ser”; donde el arte, es un espacio de socialización entre el artista y la sociedad a la que alude y donde la pregunta principal de quien crea no parece ser ¿Qué?, sino ¿Para quién?.


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