HIERBAS PARA SOBREVIVIR...

Sobre Hierbas de Sal y Terra, y la revisión a un sistema enfermo en la obra de la artista Libia Posada

«Así como existe una ecología de las malas hierbas, existe una ecología de las malas ideas»
Gregory Bateson

Es ya bien sabido que los proyectos artísticos que promueven el señalamiento a una realidad social adversa, se proponen si bien desde conceptos donde prima lo puramente documental y  panfletario o, por otro lado, como souvenirs politizados en los cuales el artista recurre a un modus operandi básico: estetizar la miseria. Obras que producen un efecto placebo en las realidades que enuncian sin llegar nunca a proponer un consenso o una transformación verdadera. Proyectos en los cuales el artista utiliza la precariedad ajena y el discurso social como plataforma para alcanzar más fácilmente la aceptación del sistema artístico y de la masa. Pocos artistas son, los que se dicen “comprometidos” que apliquen el arte como un instrumento para el cambio real en las sociedades. En este sentido, las malas ideologías políticas, así como "las malas hierbas prosperan y crecen en lugares donde no se desea que crezcan", es por esto que el arte debe alterar su espacio puramente simbólico, para  transmitir el valor de las historias más olvidadas en un país donde evidentemente es necesario señalarlas y proponer el ejercicio de la reflexión y la acción.

Vista de la instalación Hierbas de sal y tierra 43sna Museo de Antioquia

Ella es médica cirujana y la caracteriza el rigor en todo lo que hace, este rigor deviene quizás desde su formación como médica puesto que intervenir (literalmente)  en el cuerpo del otro no es tarea fácil. El arte de nuestros días necesita con urgencia de ese rigor, por fortuna, ella también es artista y tiene muy claro cómo el arte puede lograr pequeños o grandes cambios en nuestras ideologías; para esto analiza con agudeza las desigualdades sociales, sintiendo de igual forma la necesidad de examinar a través de su trabajo los síntomas que presenta una cultura desequilibrada y excluyente. Libia Posada Restrepo presentó para el 43 Salón (inter) Nacional de Artistas un proyecto de arte con comunidades en donde se  evidencia la crisis y las privaciones de algunas regiones olvidadas del país. Hierbas de Sal y Tierra o Estudio para cartografía distópica se propuso para el Salón Nacional como una instalación que se encontraba albergada en el Museo de Antioquia. En ella, un espacio blanco, un lugar aséptico bastante neutral; en la totalidad de las paredes se encuentra dibujada una retícula, elemento recurrente en la obra de Posada. El espacio se acompaña de fotografías, dibujos y acuarelas en conjunción con elementos mobiliarios que podríamos encontrar en cualquier hospital,  sin embargo, lo que contienen estos mobiliarios no son aparatos sofisticados, ni elementos quirúrgicos, ni medicinas farmacéuticas, lo que ellos contienen son plantas, plantas en viejas vasijas que nos remiten indudablemente a esos espacios domésticos de antaño. ¿Quién no recuerda a una abuela obsesionada por los trastes y las yerbas?(sic). 



Las plantas, el mobiliario, las fotografías, los dibujos y sus acuarelas, nos cuentan historias, nos acogen con familiaridad, nos advierten que en ellos cohabitan el conocimiento científico y la tradición ancestral proponiendo un abrazo cálido entre dos disciplinas que, si bien parecen distantes, son complementarias entre sí: la medicina oficial y las viejas tradiciones de la medicina botánica o  “medicina alternativa”. Sin duda, dos saberes, dos conocimientos que podrían cooperar armónicamente en pro de un equilibrio social y un estado de vida más llevadero.
Desde la experiencia para el desarrollo del proyecto Libia Posada encarnó la vivencia de habitar las tierras de Coquí (Chocó) una región donde los lugareños reconocen las plantas como el recurso más preciado, pues sus “yerbitas” lo pueden casi todo: hierbas para alimentarse, hierbas para curar, hierbas para sobrevivir…sobrevivir en condiciones precarias en un lugar geográfico casi suprimido del mapa, donde los grupos armados siembran el conflicto como una imposición (malas hierbas). Como habitante foránea Libia Posada procuró compartir su conocimiento en medicina a mujeres y hombres de esta comunidad pese a las manifestadas desconfianzas con el proyecto de la nueva huésped: “¿Alguien sin sueldo que hace cosas con la gente? ¿Para qué? ¿Qué gana?”…  “¿Ella es médica? -No, es una artista- ¿Qué hace? ¿Canta, baila entretiene? –No- ¿Entonces por qué es artista? –Ah, es que un artista, es cualquiera”…
Varios fueron los días de introspección y reflexión con su proyecto. Mientras encontraba los recursos adecuados con los cuales tejer una lazo de confianza, Libia Posada dibuja, recorre lugares, juega con los niños, toma registros para así documentar su vivencia, gracias a ello, las fotografías que hacen parte de su instalación son imágenes cargadas de realidades cotidianas llenas de poética visual, limpias, sobrias pero dicientes. En ellas se perciben cierto aire nostálgico, una especie de saudade, un sentimiento afectivo próximo a la melancolía estimulada por la distancia temporal hacia algo, donde además intuimos el deseo de resolver esta distancia.
Para concluir podemos afirmar sin temor a equivocarnos que Hierbas de Sal y Tierra o Estudio para cartografía distópica reafirma la función del arte como un principio que se erige desde la experiencia humana, desde compartir conocimientos, desarrollar diálogos, activar transformaciones en el pensamiento individual, colectivo y propio para, finalmente, darle así un sentido real a su propósito.



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