LA DECISIÓN DE ESCRIBIR

Recuerdo que hace un tiempo atrás, me angustiaba la idea de pensar que el medio artístico era un monstruo devorador de personas ingenuas que los convertía en seres envidiosos, sin ética, materialistas y perversos. Crecí un poco más y el miedo fue totalmente superado sobre todo porque ahora sé que esto es cierto. Afortunadamente, no todos los que integran el sistema artístico tienen este perfil infame. Te puedes encontrar con personas interesantes, sinceras y coherentes que, aunque no lo crean,  se interesan por ayudar a los artistas más jóvenes, sin necesidad de pedir algo a cambio. Yo en algún momento me crucé con esta clase de personas y puedo considerarme afortunada.
Sin embargo, mirar al monstruo de frente y hacerlo sin temor no es una tarea fácil. En repetidas ocasiones estamos tan indefensos y nos sentimos tan a la deriva de la incertidumbre del éxito y la certidumbre más próxima del fracaso, que por este mismo terror algunos de mis colegas, compañeros de luchas han tomado la decisión de desistir. Se alejan del medio artístico, reniegan contra el arte, hablan de la rosca, de la mafia, de las leyes de silencio, de las conveniencias, de las poses esnobistas, del materialismo, de los que se creen sabios, de los docentes mediocres, de los premios injustificados, del tráfico de influencias siendo esto lo que más abunda, de la poca valoración al esfuerzo, de la malsana manifestación de compincherías, de los localismo, de preferir los títulos sobre el talento, de la crítica hasta a lo que vistes en una exposición... y todos esos vicios que no hacen otra cosa que alimentar al monstruo que siempre quiere tragarnos. Mis colegas tienen razón, es abominable. No obstante, hay algo tan especialmente mágico en el arte, y no es otra cosa que la virtud del intelecto, de la creatividad y del espíritu de la insistencia trabajando conjuntamente, y que, sin duda, sigue siendo la manifestación de la capacidad del hombre para crear, diseñar, interpretar y construir su propio mundo. El arte es la razón de vida de los artistas cuando éstos se comprometen verdaderamente con ella, y es así cuando surgen las obras de arte. No las otras, las pseudocreaciones superficiales para aparentar o figurar.

Decidí escribir sobre arte porque creo en ella y creo que vale la pena. Quienes escribimos, sabemos que es una necesidad que aflora cada vez que algo nos inquieta. No se escribe por obligación, sino por convicción de que aquello sirve de algo. Así, la mejor manera de exorcizar a todos esos demonios que rodean este sistema, en mi caso, es escribiéndolos, nombrándolos, llamando a las cosas por su nombre, tal cual son, sin temor a los desdenes de los más falsos, dejando las verdades fijas ahí, en el papel, en la pantalla, en la mente y en la consciencia del lector. 

Martin Seen


Apenas era una estudiante cuando una de esas  personas grandiosas que mencioné anteriormente me dijo con mucha franqueza 
"La única forma de lograr que le presten atención, si no tiene amigos con poder ni familia rica, es insistiendo, hasta que se cansen de uno." 
No volví a ver a este personaje luego de esa última conversación; lo conocimos como Adolfo Bernal, fumaba demasiado y supongo que esta era una de las formas con la que ambos creamos empatía. Fue un gran docente en Bellas Artes pero la ignorancia de quienes están en esta institución es tanta que no tenían una idea de quien les estaba dictando sus clases. Generalmente la soberbia de los estudiantes no les deja ver lo que tienen frente a sus narices, y sigue pasando así, con maestros que vale la pena valorar. 

La escritura surgió a partir del año 2007 cuando empecé a percatarme de lo que estaba pasando a mi alrededor. Apenas salia de la etapa pueril de creer que el arte consistía en manejar bien unas pinturas y tener cierto grado de habilidad técnica. No iba mucho a exposiciones porque ya me habían hablado del monstruo arribista y excluyente, pero a veces lo intentaba. Así que me arriesgué a escribir eso que todos saben pero que nadie dice y curiosamente publicaron mi artículo en el periódico universitarios PROGRESIVO. Luego, muchas personas comenzaron a preguntarme por qué había escrito eso, la alarma era sobre todo porque el texto comenzaba con una frase de Bernardo Salcedo bastante particular y generalmente los textos que se publicaban en este periódico (que ahora es revista) no contenían ni el más mínimo pensamiento crítico frente a la institución o al sistema del arte. Casi siempre se componía de textos áridos llenos de pomposas alabanzas incluso hasta a su su propia mediocridad, así que ya se imaginaran lo que sucedió con la frase de Salcedo "Lo que pasa es que existe la idea de que el arte es un espectáculo, y de que el artista es una Vedette que tiene que salir al escenario dos o tres veces al año. Por eso aquí se ven muchas exposiciones y poco arte. Se debe exponer cuando hay algo claro que decir, no cuando se tienen muchas obras". 
Tiempo después decidí crear mi blog, una herramienta que gracias a nuestra era tecnológica me ha servido para compartir con ustedes mi trabajo. 

Allan McCollum 
¿Qué pasa con la escritura sobre arte?

Pasa que lamentablemente es un género que está dividido entre la acartonada academia, donde quienes escriben son historiadores, sociólogos, filósofos, o críticos de artes que son historiadores, sociólogos o filósofos y generalmente son texto de encargo para catálogos, revistas especializadas o libros; y del otro lado, se mueve eso que algunos llaman "periodismo cultural" donde quienes escriben son periodistas que generalmente graban las barbaridades que dijo el artista de manera descuidada, y transcriben el texto sin ninguna clase de criterio o seriedad analítica alguna. Estos textos aparecen cada día en los periódicos y en ocasiones son vergonzosos de leer. Comúnmente contienen errores en fechas, nombres, ortografía, datos y a quienes los escriben les pagan por ello. Sin embargo, también existen, por fortuna, algunos textos periodísticos mucho más serios y con un nivel crítico más elevado.
Lo cierto es que en mi caso, ni soy periodista, ni soy historiadora, ni soy filósofa, ni esteta  (aún). Soy alguien que se apasiona por escribir sobre arte, con la claridad del quien, qué, cuándo y cómo y con la sinceridad de alguien que ha tomado pentotal. Generalmente mis publicaciones son para revistas emergentes o en mis dos blogs porque siempre me encuentro ante un problema de "rol" y de actitud con quienes leen mis textos, así que mantengo algunas reglas a la hora de escribir: 

-Dejar de lado los juicios totalitarios acerca de lo que SI es o NO es arte y prefiero dejar una pregunta abierta. 

-No me distraigo en lo buena personas que es el artista de quien escribo, no me dejo manipular por el miedo a los enemigos y menos jerarquizo mis textos de acuerdo al grado de amistad que conmigo puedan tener.

-Procuro no manejar la ley del silencio para protegerme de los miramientos.
-Suelo escribir sobre lo que realmente me mueva hacerlo, nunca escribo un texto por la imposición del alguien más.
-No pienso escribir bien acerca del trabajo de un amigo a menos que de verdad lo sienta así. Tampoco pienso escribir algo negativo sobre alguien por el hecho de que éste no sea de mi agrado o tengamos algún problema personal. Lo personal no entra en mis textos y eso debe ser la regla principal de quienes escriben.


Stefan Bruggemann
-No escribo sobre personas, escribo sobre las circunstancias en las cuales pueden estar envueltas, es decir, nada es personal; escribo sobre arte y espero que los artistas y agentes del medio lo tomen con la seriedad y la madurez que debe hacerse.
-Intento manejar un lenguaje muy próximo a todos, por lo cual, trato de no usar muchas citas a Deleuze, Baudrillard, Lyotard, Lacan, Foucault, Vattimo, Derrida, Lipovetsky, Durkheim o Bourdieu, aunque en ocasiones las siento necesarias.
-No me interesa mucho eso que algunos llaman "Políticas institucionales"; que no es otra cosa que demagogia institucional. 
-Suelo evitar adular, porque suelo evitar la hipocresía.

Finalmente, escribo porque lo siento necesario intelectualmente y porque es la única manera de superar ese letargo tan característico de nuestros días que sólo valora a la luz de las conveniencias y casi nunca valora a la luz de la verdad.

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