¿Y dónde está la crítica?

Por Bernardo Salcedo

La falta de crítica en arte causa estragos y esto sucede porque Colombia llegó tarde a confrontar su producción con la crítica global. Hay que mencionar en este punto 3 momentos cruciales de historia reciente. Primero, la era anterior a Marta Traba; luego, sus 10 años vigentes de labor y, finalmente, el lapso postrabista que llega hasta hoy.
Antes del trabismo crítico se producían en el país una serie de cuadros y obras que nunca se pusieron frente al escrutinio de la crítica universalista y, en cambio, fueron parte del bazar parroquial, adobados por algunas plumas periodísticas y esporádicas. Era la época de Moreno Clavijo en EL TIEMPO y otras mentes de brillo literario pero no propiamente especializadas en análisis del espectro artístico. Es la misma época -corta por cierto- de Walter Engel en El Espectador, quien como crítico fue excepción en el oscuro panorama de esos años 1940-1960.
Con la llegada de Marta Traba, la constreñida escena plástica nacional sufrió una enorme sacudida, puesto que fue esta la primera vez que la genuina crítica de arte se asomaba al cuarto oscuro de la creatividad colombiana. Allí, la crítica argentina alumna de Romero Brest y compañera de Damian Bayon reveló lo verdaderamente significativo de la producción de aquellas épocas y dio pie para que con su estímulo surgiera una generación nueva coincidente con sus credos y señalamientos futuristas. Se pusieron los puntos sobre las íes y se señaló al arte que se estaba produciendo en el país como integrante de un arte global. Desparroquialízar fue la meta de Marta Traba y desde su MAM de Bogotá, ahora ridículamente llamado MamBo, comenzó una extraordinaria labor que solamente su trágico deceso evaporo del mapa. Fue su crítica fugaz y productiva. Corta y determinante. Futurista y acertada. 10 años en el que el arte colombiano tomó vuelo y alcanzó su máxima aceptación en los círculos más importantes.

Vista de la exposición Bernardo Salcedo: Cómo hacer las cosas con palabras. MAMM 
Con la desaparición de la Traba, el entorno crítico que rodeaba a las artes plásticas en el país llegó a su fin. Aunque surgieron voces de gran interés intelectual Serrano, Rubiano, Galaor y otros-, todos ellos fueron derivando hacia mundos paralelos a la crítica como la historia del Arte, el profesorado universitario, la reportería y la crónica. El esfuerzo por ejercer una crítica sostenida se fue agotando y poco a poco sus esporádicos cultores, así como los novedosos analistas del siglo XXI, como Cerón, Carmen Jaramillo, Iovino, Lozano y otros tantos fueron recortados y amputados en sus consideraciones artísticas en los periódicos y su labor acabó enclaustrada y diluida en otros países o en profesiones afines y curadurías institucionales. De un día para otro, la crítica se convirtió en el fenómeno informativo del `periodismo cultural, que sin pretender consagrar ni vetar ni analizar la producción artística es un simple ejercicio noticioso que entrega diariamente un menú del "entretenimiento" cultural de la semana. De esta manera, los medios resolvieron interesarse más por una reportería, cultural generalizada que por una crítica puntual del arte. Esta última fue considerada como poco accesible al público general. Ese tipo de información llegó a los medios y fue abordado por el público como si fuera opinión. La gente acostumbrada al despliegue de prensa a crítica seria, como la había ejercido MT, confundió la información con la que anteriormente aparecía en esos mismos espacios.
Naturalmente, la práctica de ese tipo de periodismo informativo cultural, en un país totalmente madurado en el aspecto cultural, no solamente es apropiado sino que al manejar un material informativo evaluado y validado por los cauces de la crítica se convertirá en noticia útil al espectador. Pero en Colombia, donde el eslabón crítico del arte había desaparecido, ese `periodismo cultural -sin pretenderlo- acabó por establecer un entorno ignorante, superfluo y vacío con respecto a la plástica. Un esquema informativo plano donde todo es arte, nada es bueno, nada es malo, porque todo merece ser informado. Los altibajos se manejan únicamente por los intereses comerciales noticiosos y sociales. El arte propiamente dicho, ni se aborda ni se considera, por absoluta ignorancia. Brillan allí entonces el culto a la personalidad, al artista, la banalidad y la total falta de repuesta de un público atontado que a diario se pregunta ¿qué se hizo la crítica?


En ese sombrío panorama postrabiano que abarca estos 25 años, han pasado generaciones de artistas que bien pronto desaparecen. Muy pocos valores ciertos han surgido luego de la mutación crítica. La falta del estímulo intelectual que produce la crítica convirtió al nuevo talento nacional del arte en otro grupo de desplazados por la ausencia de respuesta intelectual.
Para completar, valdría la pena anotar cómo el mundo institucional que maneja el movimiento del arte en el país también ha sido permeado por el triste panorama que tratamos de explicar. Porque ese peldaño institucional conformado por museos y centros de divulgación artística son el espejo y reflejo de ese enorme vacío. Refirámonos solamente al famoso Salón Nacional de Artistas -en sus buenos tiempos, la máxima plata forma de confrontación crítica-hoy convertido, con la regionalización o falsa democratización de lo indemocratizable, en un lánguido acto de burocracia cultural. Ahora, los entusiastas "curators" que vienen siendo los animadores del arte (los pachecos del paseo cultural) ejercen su tarea seleccionadora sin ser propiamente críticos pero sí los apoderados de los diferentes centros de exposición y las distintas áreas geográficas del país avalados por un confuso Ministerio de Cultura. Son las estrellas del acontecimiento, recolectan artistas por doquier como políticos en busca de votos y establecen sus salones regionales en clara copia del conocido clientelismo del mundillo político.
Por otro lado, las instituciones serias están circunscritas a sus límites y no pueden rebasar sus propias áreas de influencia. Son establecimientos que brillan en su propio entorno pero ese brillo no se proyecta más allá de sus linderos. No tienen el poder de establecer políticas; a duras penas, atraen público y fanáticos. Allí se establecen programas ejemplares, se accionan proyectos importantes, se traen exposiciones y se crean donaciones. Pero ellos son como las comunidades religiosas: trabajan en clausura como excelentes divulgadores exentos del trajín crítico. También, muchas veces se preguntan: ¿qué se hizo la crítica? Porque como los artistas, necesitan ese estímulo.

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