¿QUÉ SIGNIFICA PENSAR...EL ARTE?

Martin Heidegger, qué quiere decir pensar, y el por qué pensar el arte

Entre los múltiples asuntos que se abrazan al valor filosófico, existe desde los griegos la voluntad de considerar los ejes que mueven los valores esenciales del arte; es decir, el arte al margen de los vicios y acontecimientos que se desarrollan fuera de sus cualidades inherentes.
Pensar el Arte es, aprehender desde su semilla aquello que la Estética da sentido, sin embargo, para lograr esto, es fundamental discernir en lo posible, qué es en primera instancia el asunto del PENSAR y, paralelamente asumiremos el asunto de por qué pensar el ARTE.

Joseph kosuth
Llegaremos a aquello que quiere decir pensar si nosotros, por nuestra parte, pensamos. Para que este intento tenga éxito tenemos que estar preparados para aprender el pensar.
Así que nos ponemos a aprender, ya estamos admitiendo que aún no somos capaces de pensar.
Pero el hombre pasa por ser aquel ser que puede pensar. Y pasa por esto a justo título. Porque el hombre es el ser viviente racional. Pero la razón, la ratiose despliega en el pensar. Como ser viviente racional, el hombre tiene que poder pensar cuando quiera. Pero tal vez el hombre quiere pensar y no puede. En última instancia, con este querer pensar el hombre quiere demasiado y por ello puede demasiado poco.

El hombre puede pensar en tanto tiene la posibilidad de ello. Ahora bien, esta posibilidad aún no nos garantiza que seamos capaces de tal cosa. En la posición del artista, la dificultad de pensar se amplifica, desde el mismo momento en que anula su posibilidad de pensamiento, arrastrado por las circunstancias externas, y los valores superfluos. Ser capaz de algo significa: admitir que algo cabe en nosotros según su esencia y estar cobijando de un modo insistente esta admisión. Pero nosotros únicamente somos capaces (vermögende aquello que nos  gusta (mögen), de aquello a lo que estamos afectos en tanto que lo dejamos venir. En este sentido, sobrepasar el confort (Bequemlichkeit ) que deviene la ocultación de lo esencial, advierte una extrema dificultad para el “hommo faber” posmoderno, el artista extasiado con su propia invidencia.
Sólo si nos gusta aquello que, en sí mismo, es-lo-que-hay-que-tomar-en-consideración, sólo así somos capaces de pensar.

Lo preocupante se muestra en que todavía no pensamos. Todavía no, a pesar de que el estado del mundo y en consecuencia el estado del arte da que pensar cada vez más. Pero este proceso parece exigir más bien que el hombre actúe, en lugar de estar hablando en conferencias y congresos y de estar moviéndose en el mero imaginar lo que debería ser y el modo como debería ser hecho
Y sin embargo... es posible que hasta nuestros días, y desde hace siglos, el hombre y el artista haya estado actuando demasiado y pensando demasiado poco. Como consecuencia advertimos la banalización extrema de la imagen, el consumo masivo de información mediática,  la imposición del mercado del arte como termómetro de legitimamiento institucional y el devalúo comunicacional de la obra de arte. El discernimiento errado de lo que corresponde al arte el posmodernismo para el “artista de la posmodernidad”.
Lo preocupante, en este tiempo nuestro que da que pensar, se muestra en que todavía no pensamos. Todavía no pensamos porque lo que está por-pensar le da la espalda al hombre, y en modo alguno sólo porque el hombre no se dirija de un modo suficiente a aquello que está por pensar. El artista en este sentido no se dirige al arte, se dirige a lo que históricamente acepta como modelo paradigmático de lo que es "ser artista", en detrimento a lo que significa hacer arte, no en vano lo por-pensar le da la espalda al hombre.
Pero si nosotros, como aquellos que han sido atraídos así, estamos en la línea que nos lleva a... aquello que tira de nosotros, entonces nuestra esencia está ya marcada por éste «en la línea que lleva a...». Como los que están marcados así, nosotros mismos señalamos a lo que se retira. Este señalar es nuestra esencia.  Somos mostrando lo que se retira. El señalamiento de lo que se retira, en última instancia, procura de quien lo hace, el modal crítico, el hacer frente a esto que por no sernos afecto, nadie voltea a ver.

También esto lo sabía Hölderlin. Tomamos su saber de las dos estrofas que llevan por título: Sórates y Alcibíades. A nosotros nos concierne esta línea: 

«Quien pensó lo más profundo, éste ama lo más vivo.»

La estrecha contigüidad de los dos verbos «pensado» y «ama» forma el centro del verso. Según esto el amor se funda en el hecho de que hayamos pensado lo más profundo. Un haber-pensado como éste, procede presumiblemente de aquella memoria en cuyo pensar descansa incluso el poetizar, y con él, todo arte. En este sentido, amar el arte se manifiesta desde esta necesidad de pensarla, el artista actual, entonces se conforma con la superficie de lo que intuye arte, en efecto, idealiza sus estados, tribializa sus umbrales y pone en manifiesto una etapa de “enamoramiento” del esquema arte, el cual se rompe a la primera decepción. Amar el arte por tanto implica conocer su raíz, no su  universo anecdótico.
Pero entonces, ¿qué quiere decir «pensar» y más concretamente pensar el arte? Veámoslo de esta manera, lo que quiere decir, por ejemplo, nadar no lo aprenderemos jamás por medio de un tratado sobre la natación. Lo que quiere decir nadar nos lo dice el salto en el río. Pensar en arte, manifiesta para el artista un valor único a sus prácticas materiales, es decir, quien piensa, advierte rigor, disciplina y agudeza en la creación. Es sólo de este modo como conocemos el elemento sobre el que debe que moverse el arte. Pero ¿cuál es el elemento en el que se mueve el pensar?
Hasta hoy el rasgo fundamental del pensar ha sido la percepción. A la facultad de percibir se la llama la razón. ¿Qué percibe la razón? ¿En qué elemento reside el percibir, de modo que, por ello, acontece un pensar? Percibir el arte, acontece pensar el arte, de la misma manera en que intuir lo que NO es arte, acontece pensar el arte. Percibir es la traducción de la palabra griega noeÝn, que significa: darse cuenta de algo presente; dándose cuenta de ello, tomarlo delante y aceptarlo como presente.

El rasgo fundamental del pensar hasta ahora vigente ha sido el representar. Según la antigua doctrina del pensar, esta representación se complementa en el enunciado, juicio. La doctrina del pensar, del enunciado, se llama por esto, Lógica. Kant toma de un modo simple la caracterización tradicional del pensar como representar cuando al acto fundamental del pensar, el juicio, lo determina como la representación de una representación del objeto (Crítica de la razón pura). 
El rasgo fundamental del pensar es el representar. En el representar se despliega el percibir. El representar mismo es representación (poner-delante). Pero ¿por qué el pensar descansa en el percibir? ¿Por qué el percibir se despliega en el representar? ¿Por qué el representar es re-presentación?

Todavía no pensamos de un modo propio. Por esto nos preguntamos: ¿Qué quiere decir pensar?

Basado en el texto ¿Qué quiere decir pensar? de Martin Heidegger.

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