CULTURE IN ACTION


La reincidencia de la forma en el arte social, o cuando el artista olvida pensar como artista

Del arte social...recordar el contexto:
Parcialmente entendemos como arte social a todas aquellas expresiones artísticas que se dirigen a un fin reivindicativo, reflexivo o conciliador, donde se  incluyen comunidades y contextos vulnerables que hacen parte de una sociedad indudablemente desequilibrada y excluyente. 
A este  fenómeno, la respuesta comunista propuso una premisa que considera “el arte como una responsabilidad social del artista”, es decir, el artista ha de estar “comprometido con su tiempo”, en tanto su obra pueda insinuar o crear la ilusión de consenso.

Joseph Beuys (1921-1986) planteó una teoría que incluía al cuerpo social en su totalidad diluyendo la diferenciación entre el arte y la vida. La “escultura social” que propuso Beuys se corresponde entonces al reconocimiento del aspecto político en todos los seres humanos, es por lo tanto una concepción interdisciplinaria de participación “en la cual el pensamiento, el discurso y la reflexión, son los materiales para llevar a cabo la creación”. El pensamiento de Beuys pues, define en su totalidad la figura del artista comprometido; sin embargo su crítica al sistema, su análisis de las relaciones culturales y su búsqueda en la autodeterminación del individuo, no le impidieron una producción enormemente compleja, de un marcado carácter conceptual, llena de plasticidad y  agudeza creadora. Una obra contundente donde la materia connotaba un alto contenido político y contestatario.  


Joseph Beuys
Por otra parte, la forma como mensaje, entendiendo aquí forma como la  totalidad de la realidad externa de la obra, debe ser un precepto de creación fundamental para nosotros los artistas, es decir, el resultado formal debe estar directamente conectado con el mensaje que le precede. Algo tan fundamentalmente básico para la mente de un artista, por lo menos, lo es para  los buenos ¿Por qué es lo primero que se olvida a la hora de formalizar una propuesta? ¿Llega a ser tal la perplejidad ante el dolor de los demás, a propósito del excelente ensayo de Susan Sontag, que nos distrae de pensar como artistas?, yo, por mi parte no lo creo. La respuesta a este y a otros tantos interrogantes en el campo de las artes plásticas es la misma: pereza mental y mediocridad creadora.
El problema no es justamente que el arte sea social, la responsabilidad de una mala propuesta radica en el individuo, en el agente responsable de la creación, no en su propósito, no en su finalidad, no en el medio, no en el material, no en el tema. La primera ocupación del artista debe ser con la obra misma, es decir, con el arte.

Una pequeña exposición en la ciudad:
Hace algunos días se inauguró en la galería Paul Bardwell, la exposición correspondiente al resultado de un taller socio-artístico con la participación de algunos estudiantes de artes plásticas. El núcleo de la investigación se basó en las experiencias de las reclusas de la cárcel de mujeres El Pedregal. Destacando que el taller fue dirigido por una artista que utiliza la fotografía como medio, se esperaba entonces un resultado interesante en, precisamente el medio fotográfico; sin embargo, paradójicamente algunos trabajos sobresalientes se alejaron de la fotografía como tal y esto pudo ser positivo.

Un conjunto de jaulas conteniendo pequeños pájaros en lámina con un proceso de oxidación, fue un trabajo notable, quizás por el contraste que produjo la diferencia del material en el grupo de obras. Para el artista, era una representación metafórica de los anhelos de libertad y la "oxidación" de los recuerdos en consecuencia al paso del tiempo. Aquí la metáfora se presenta poco imaginativa y tal vez el artista es consciente de ello, sin embargo, es una propuesta que se arriesgó a la diferencia teniendo en cuenta el enfoque de este taller. La jaula evidentemente nos habla de aislamiento y la propuesta es una buena analogía en tanto que podemos pensar la cárcel aún si la obra se encontrara fuera de este taller; por su obviedad tal vez, pero, el resultado se conecta evidentemente con el mensaje y eso para los artistas es una ganancia.

De nuevo la ocultación de lo que “debería” ser mostrado aparece lucidamente en el trabajo de Claudia Helena Vásquez con el resultado de una performance también oculta, realizada para verse una sola vez sólo por quienes debían hacerlo.
El trabajo de Claudia Helena, explora juiciosamente lenguajes como las acciones performáticas y su eje central es la condición femenina.
En esta muestra fue bastante interesante su trabajo, dado que para el artista que hace performance su primera motivación es la espectacularización de su puesta en escena, el exhibicionismo reiterado en imágenes y videos de la acción realizada; sin embargo, curiosamente Helena enclaustra la acción dejándola para si y para las reclusas participantes de ésta, apresándola –válgame la pertinencia del término- en un conjunto de 16 cuadros tamaño carta y uno a medio pliego, donde cada una de las internas depositó simbólicamente su dolor en una parte del cuerpo para, posteriormente dejar huella de ese dolor en el papel que les brindó la artista. La sinceridad del trabajo subyace precisamente en esta ocultación.
Como espectadores nos enfrentamos a una serie de autorretratos- así los considera la artista- y a un retrato colectivo de muchos nombres y ninguno. “…a lo que el espectador se enfrentara, será ante el recuerdo de una purga de otros, esta serie de “manchas sin sentido” son la serie de una cantidad de emociones personales”. La propuesta es silenciosa, íntima, pero a la vez certera en su propósito, la función catártica que debía cumplir el ejercicio realizado por la reclusas, fue experimentada por ellas, las únicas que necesitaban ese momento sanador con el mundo.

Pintura sobre papel/ huellas de la acción realizada con algunas reclusas de la cárcel de mujeres el Pedregal
Fuente: Cortesía de la artista
Por otra parte, la obra funciona además por su carácter desconcertante puesto que genera curiosidad dentro de la miscelánea de retratos que conforman mayormente la muestra. En esta propuesta, el proceso en su totalidad da estructura a la forma final y esto puede evidenciarse en el trabajo. Finalmente a pesar del componente desconcertante que genera en el espectador, la artista es consciente de que su pieza ha de apreciarse desde múltiples lecturas, pues el verdadero arte deberá ocuparse de sus posibilidades técnicas y del juego de relaciones que pueda tener con el espectador; que además de esto el proceso creativo sirva de catalizador para un grupo de mujeres socialmente vulnerado, es una muestra evidente del trabajo absolutamente consciente y reflexivo que ha realizado la artista.

La artista Paulina Restrepo, presenta un trabajo que dista bastante de la fotografía como documentación y explora formalmente a través de los objetos instalados de manera impecable, la simplicidad pero al mismo tiempo la complejidad simbólica de dos elementos que se oponen desde su contexto cotidiano : el dorso femenino de cuatro maniquíes, usados comúnmente para exhibir prendas, y, el escapulario conocido tradicionalmente como pieza de devoción, referido quizás a esa necesaria cuota de fe que debe tenerse en una situación de ahogo y desespero.
  

Los anteriores trabajos guardan un común denominador que es arriesgado, pero al mismo tiempo bastante coherente: la anulación total del individuo, es decir, la ocultación del caso particular y anecdótico -que al arte quizás no compete-. El gesto de neutralizar a estas mujeres como una totalidad, tal y como lo hace la mirada social, es una forma lúcida eficaz de señalar y reiterar precisamente, esa exclusión. En sus celdas, todas ellas tienen los mismos anhelos de libertad, contienen dolor en el alma y todas igualmente guardan alguna esperanza que depositan en la fe hacia el futuro.

Algo que no debería olvidarse:
Las obras de arte enfocadas a la reivindicación de personas y contextos vulnerables, generan positivamente un momento acogedor y de sosiego para quienes hacen parte de estas realidades, el artista por su parte adquiere una función conciliadora entre el contexto que da lugar a una forma de pensamiento por una parte, y, la persona que sufre en carne propia estas verdades de la vida y sus crímenes por otra. Sin embargo, pese a esta admirable labor, algunos artistas tienden a olvidar la primera motivación que debe tener el artista, dicha anteriormente –ser para el arte- como consecuencia descuida su habilidad creadora, convirtiendo estas exposiciones en eventos aburridos y cargados de obviedades. El uso exacerbado del apunte de campo,  fotografías técnicamente malas e innecesariamente repetitivas, el cliché escudado tras la estética documental y la falta de agudeza a la hora de formalizar las  ideas, puede notarse en la exhibición. 

Susan Sontag afirmaba que, son múltiples los usos para las incontables oportunidades que depara la vida de mirar con distancia, por medio de la fotografía el dolor de otras personas, luego “La imagen como conmoción y la imagen como cliché son dos aspectos de la misma presencia.” En efecto, las fotografías son el registro testimonial personal de un momento de la realidad, sin embargo, cada exhibición con estos fines se asemeja más a la anterior y efectivamente, si no se toma conciencia, a la siguiente.
Quizás la tarea sea ardua para los integrantes de estos talleres si se considera la fugacidad del tiempo en que deben ejecutar sus propuestas, pero, indiscutiblemente impera el confort y la salida fácil.
Quienes comienzan el ejercicio de hacer "arte con responsabilidad social", no deben olvidar trabajos como los de Juan Manuel Echavarría, Libia Posada, Maria Elvira Escallón, Liliana Estrada, Carlos Uribe, entre muchos otros, que a través de los años nos recuerdan lo irrelevante que es para todo buen artista, si la obra va enfocada hacia reflexiones sociales o no manifestando a través de ella, una lúcida y potente intención formal.


Maria Elvira Escallón

Juan Manuel Echavarría. Death and the River, Josée Bienvenu Gallery
Para concluir, “el arte es una cosa que se cumple en una forma, no en cualquier forma ni de cualquier forma”, afirmaba Ramon Mayrata. Cuando el artista se apropia de un fenómeno social para formalizar su propuesta, en muchas ocasiones no se llega a completar la existencia del arte en tanto ésta, tiende a diluirse en sólo una experiencia de artisticidad; en consecuencia, el resultado puede ser: grato, útil, simpático, conmovedor, interesante o hermoso y puede proponer una actividad creadora, pero no resulta una creación.

Libia Posada. Signos cardinales,2009
Referencias:
Perplejidades del arte moderno, Los espectáculos del arte (Tusquets, 1993) Ramón Mayrata.
Susan Sontag. Ante el dolor de los demás. Ensayo. Santillana Ediciones Generales, S.L.2003

El arte como medio de expresión política. María Mercedes González Cáceres. Papel  Político Nº 13 octubre de 2001 (39-58)

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