Joseph Beuys, Acción coyote, 1974.
Entre
los preceptos que propuso Descartes existía un método -su propio método- cuyos
orígenes se fundamentan en la lógica, el análisis, la claridad y la distinción para
aumentar el ingenio y descubrir la “verdad
de las cosas”, es decir, nuestra escala intelectual se magnifica en tanto
se enfocan correctamente las ideas sin acortarlas con ideologías externas –lo
que se cree que és- en palabras del filósofo “la única forma
de encontrar la verdad es en uno mismo”.1 Al igual que la base primera de la
filosofía cartesiana: el cogito ergo sum: pienso, luego soy, aparece trasladado después de dos siglos en La obra maestra desconocida de Honoré de Balzac2; en
esta, la sentencia enuncia: “je feins, j’existe” hago, luego existo. Definir la existencia por medio del hacer no ha
sido tan común como definirla a partir del acto de pensar gracias a Descartes;
sin embargo, la búsqueda artística se origina precisamente en el deseo por encontrar
esa verdad sobre lo que és el arte -en un sentido metafísico, antes que material – previo a que,
categóricamente el artista reconozca comenzó a producir “su obra”; por lo tanto, gran parte de su vida la enfocará en descifrar el enigma arte mientras le da comienzo a su
carrera artística en una esfera más elevada.
No
obstante, el artista sabotea su propósito concentrando la energía creadora hacia
el mercadeo de su imagen antes que en la producción de una buena obra, y para esto utiliza en ocasiones un método más “cómodo” -en
principio- con el cual presenta propuestas que, acordes con el establishment de la época, le deberán asegurar una escandalosa carrera artística y un aparente promisorio futuro.
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Marina
Abramovick with Ulay, the artist is
present. MOMA,
2010
Fuente: http://www.istanbul74.com/
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A luego
de casi un siglo del surgimiento de Dada, para el cual una acción debía durar históricamente3
no más de cinco minutos, el artista emergente, vividor entre la nostalgia y el
resentimiento, afín con la “ depuración técnica”, cómplice de la inmediatez que
desconoce la historia, acoge erróneamente a la performance como un manera eficaz
y holgazana de posicionar su nombre en las esferas artísticas más rápidamente
-entendiendo la ligereza de este lenguaje- de
quien lo hace a través de técnicas complejas que advierten tiempo,
disciplina y rigor. En este sentido se multiplican los “Performers” que surgen
de un multiverso en el que la única nota común parece ser el espectáculo.
Un
insoportable disfraz mal elaborado de dolor “catártico”, desnudez, ritualismo
y sufrimiento, que, coincidiendo con Sartre en su Crítica de la Razón
Dialéctica4, y trasladando su cita, es un acto en el que “el artista se somete a un sufrimiento que
inventa y lo ejerce en nombre de la necesidad, esta violencia corporal puede
ser real o ficticia, lo importante es
que sea pública, con esto demuestra que él también sufre y que falsamente
se solidariza con la clase desprotegida”.A partir de esta premisa, se han edificado algunos discursos de artistas recién graduandos con “performances” poco significantes, atiborrados de clichés, consecuencia de la pereza a investigar, combinada con la ceguera y el mutismo que solapa la falta de criterio al momento de ejecutar y presenciar una performance. Aceptamos fatalmente como arte de performance todo lo que se le parece y cualquier cosa. El uso de este lenguaje debería asumirse con la misma disciplina que requiere la ejecución de una técnica “tradicional”.
La experiencia de presentar una acción performática no deberá tomarse en vano. La culpa no es de la performance como corriente artística que sobresalió años atrás o que sobresale en la actualidad. La pésima comprensión de lo que fue Dada, Fluxus, Body art y sus corrientes vecinas, la conveniencia y el engorro con el que tomamos dichos términos, son la raíz que sostiene un sin fin de "manifestaciones artísticas" sin entrañas; acciones y obras insulsas, faltas de contenido, vacuidades transformada mágicamente en “discursos del cuerpo”, no hacen más que manchar las insignias de lo que debería significar para el arte, la seriedad que contiene hacer una performance o una acción. La falsa quimera que alimentó el supuesto posmoderno desde esa desilusión Baudrillariana5, en la que “no hay nada ya que ver” pero que todo es arte, ha contribuido a lo que Avelina Lesper llamará el falso arte, sustituto de la creación consiente, rigurosa y verdadera.
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Paula Usuga, "Desde lo más profundo
de mi piel, flota, flota"
HORAS PERDIDAS IV Bienal Internacional de Arte de Performance
en Espacio Públicos, Monterrey, 2012.
Fuente:
paulausuga.blogspot.com |
Por
otra parte, conocemos gracias a los renglones de la historia artistas que, a
través de la performance construyen sólidas carreras con tan orgulloso aserto
que en verdad parecen desafíos. Esto en principio deja clara una sospecha: el
problema no es del lenguaje, el impedimento se genera desde la morbidez creativa
del artista.
A
finales de los años sesenta, artistas como Carolee Schneemann, Marina Abramovic
–por mencionar un nombre popular- o Gilbert & George, comenzaron a destacar
el término performance en sus creaciones
más contestatarias. El arte performático como tal, fue iniciando con algunas vanguardias donde
se destacaban las exhibiciones no
convencionales en el Cabaret Voltarie. En este sentido, teniendo por
conocido un vasto mapa de referencias, el artista actual debería considerar que
“No hay que sumar lo mismo a lo mismo”6
si no desea caer en el
anacronismo de un lenguaje que, arrancado ya de su raíz podría suponerse como una
simulación pobre.
Ahora
bien, lo que conocemos como “multidisciplinariedad” –palabra aún ambigua- le permite al artista explorar la performance desde perspectivas que activen la conciencia del espectador (alejada ya de su padre Dada, el cual propuso la
acción sin sentido, asesina del mismo arte). En este sentido la performance es
usada como herramienta para reflexionar desde problemáticas como la identidad,
la violencia hacia cuerpo tanto social como físico, las jerarquías de género y problemas metafísicos
representados en acciones ritualistas bastante habituales en este lenguaje. Es gracias a este enfoque transgresor y social que eventos como HORAS PERDIDAS IV Bienal internacional de Arte de
Performance en Espacio Públicos, llevada a cabo en la ciudad de Monterrey, parten del concepto “ámbito
público” como terreno de construcción y
transformación socio-cultural, es decir, la performance como método de cohesión social es llevado a
cabo por una razón igualmente comunitaria, “libre y pública”. En la selección de artistas para el año 2012, se hizo presente una artista Colombiana quien a través de un trabajo
coherente, afecta al espectador y permite la reflexión introspectiva desde su
puesta en escena. Paula Usuga (Medellín-Colombia) desde su proceso temprano vio en la performance
otra manera de expandir su reflexión, ligada ya a técnicas tradicionales como
la cerámica y la escultura.
Debemos destacar, que en su proceso no existen vacíos técnicos en tanto
la artista, posee raíces desde el manejo y ejecución de las técnicas
tradicionales. Diferente es para el
estudiante amateur que recién llegado a la academia, presenta su trabajo
sustentado en performances que ningún contenido sólido pueden poseer y que evidencian tanto pereza como un gran vacío teórico y técnico.
Cabe
mencionar de la misma manera como ejemplo de disciplina y rigor, al colectivo de estudiantes y artistas colombianos que conforman el proyecto El cuerpo habla; Ángela María Chaverra
su directora propone que este proyecto se planteó como objetivo: “construir una semiótica del cuerpo de la
contemporaneidad en la ciudad, a través del estudio y la práctica de una
propuesta artística que conjugue el cuerpo de la ciudad y el del arte, y que
permita crear una interpretación local del fenómeno dentro de la universidad y
la urbe”. Este colectivo de artistas, ha demostrado en su ciudad y en otros países, que la performance es un lenguaje complejo, riguroso y exigente, y que la determinación de una obra insustancial, o una obra potenciadora de sensaciones y reflexiones introspectivas, aún con trabajos que relacionan a la urbe, no la determina precisamente el medio utilizado, si no la disciplina y la calidad teórica y técnica de quien ejecuta dicha obra.
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Colectivo El cuerpo habla. Proyecto Vadear, acción colectiva en la ciudad de
Medellín.
Fuente: cuerpohabla.blogspot.com/
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Como
vemos, es posible hacer de la performance una forma de trabajo constante y
rigurosa, no sólo desde obras que apuntan al ámbito social y colectivo, formador
de conciencias, sino incluso desde propuestas individuales donde prima el componente formal, tan certeras y
reflexibas como los video performance de Oliver De Saganza, artista que ha
condensado a través del uso de la performance en conjunción con otros
lenguajes, una magna obra donde se re-presenta la transfiguración existencial
del hombre.
Finalmente cabe afirmar que "El arte debería hacernos sentir con más claridad y más
inteligencia, debería darnos sensaciones coherentes que de otro modo no
tendríamos". Para los artistas que utilizan la performance como método y lenguaje recurrente en sus trabajos, estas
palabras finales deberían ser un condicionante importante a la hora de ejecutar, cada una de sus obras en el arte de acción.
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Oliver De Saganza. Transfiguración, Video performance, 2008
Fuente: http://nefdesfous.free.fr
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Notas y referencias:
1. Descartes
René, Discurso del Método, ed. Bruguera, España.
2. De
Balzac Honore, La obra maestra desconocida o el fracaso en el arte. Ed. Del
Sur. Córdoba, Argentina 2005
3. El
término “históricamente” en este sentido apunta a que en efecto, para el
dadaísmo una acción debía hacerse y destruirse en un acto inmediato, dejando
sólo la evidencia del artista hacedor o si bien en la mente de quien fuera
espectador en ese momento preciso. No debía quedar evidencia alguna para la
historia, esa era la verdadera raíz de las acciones de Dada.
4.
Sartre Jean Paul. Crítica de la Razón Dialéctica.
5.
Baudrillard, Jean. El complot del arte. Ilusión y desilusión estéticas. - Ia
ed. - Buenos Aires : Amorrortu, 2006
6. El
complot del arte, Pag 25
7. Robert Hughes
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