OFICIO DE-CONSTRUCTOR

Una exposición en la galería Lokkus Arte Contemporáneo y un ejercicio de escritura crítica con los estudiantes de Artes Visuales del Instituto Tecnológico Metropolitano.



Preámbulo:

El siguiente texto, es el resultado de un ejercicio de análisis realizado dentro de la clase de crítica de arte en el Instituto Tecnológico Metropolitano, donde se propuso a cada integrante del curso, escribir un pequeño texto libre sobre algunos tópicos que constituían la exposición en la galería Lokkus Arte Contemporáneo “Oficio De-constructor”. Cómo eje de escritura se planteó analizar el papel de las galerías en el sistema artístico, las nuevas dinámicas que propone la galería Lokkus, el ejercicio curatorial de Rodrigo Orrantía y, en consecuencia, las propuestas de los artistas invitados a la muestra: John Mario Ortiz, Jaime Franco y Alberto Lezaca de Paz, en relación al espacio diseñado por el arquitecto y también artista Jorge Mario Gómez el edificio La doble Elle, lugar donde se encuentra la nueva sede de la galería que presentó la muestra.

Como resultado, obtenemos una suerte de “cadáver exquisito”; un texto estructurado a partir de los micro-textos de cada estudiante, donde el aporte y el pensamiento individual reaparece haciendo parte de una construcción colectiva de reflexiones, análisis y crítica.

Úrsula Ochoa /Docente.


“El arte tratado meramente como un espectáculo comercial se vuelve algo desconectado con cualquier contexto real y pierde su significado. Si el arte no puede hablarnos sobre el mundo en que vivimos, entonces no creo que tenga sentido tenerlo” Robert Hughes.

ARTE Y GALERÍAS

Se entiende como galería, en un sentido amplio y, paradójicamente limitado, a un espacio dedicado a la exhibición y venta de obras de arte, el cual, debe condicionar las dinámicas de relación entre las obras con el público visitante o, en su defecto, con el cliente potencial. En este sentido, las galerías apuntan principalmente a la comercialización de la obra de arte de artistas posicionados o emergentes; sin embargo, cabría preguntarse entonces ¿Qué función (además de la puramente comercial) se le asigna a la obra de arte en estos espacios? 
Podemos deducir que a las galerías principalmente acuden personas que ven el arte como una inversión a futuro, por lo tanto, las galerías no se conciben (aparentemente) como un espacio pensado para presentar investigaciones conceptuales profundas que estén desarrolladas además por un curador, y donde se ejecute el “debido proceso” para dicha exposición; posiblemente esto se piensa porque en cierto modo, los eventos galerísticos no se han concebido como “exposiciones” de arte propiamente dichas, sino como exhibiciones de piezas vendibles, es decir, productos. Desde una perspectiva sesgada pero real, y en un sentido pragmático, la obra de arte sirve desde su estado funcional, como un producto que satisfaga una necesidad de adquisición por un lado y, que contribuya a la fluidez comercial del mundo del arte por otro. 

Ahora bien, retomando la pregunta anterior ¿Qué otra función les da a las obras de arte espacios como las galerías? Teniendo en cuenta los enfoques que en realidad construyen el arte desde diferentes dinámicas sociales, y con esto, no estamos afirmando que sea negativo dar valor (monetario) a las obras; cuestionamos aquí en qué medida la galería como pieza de la maquinaria cultural, toma en cuenta estas múltiples realidades sociales y las pone en evidencia de manera coherente con su contexto. Pues bien, antes de responder debemos aclarar que la idea de galería que de algún modo aparece cuando la aristocracia empieza a vender sus colecciones porque necesitaba dinero, y la burguesía a su vez necesitaba decorar sus grandes mansiones, se ha acabado (categóricamente), sin embargo, permanecen los indicios de esta relación, que ahora gracias al concepto de “convergencia social”, ha procurado una función didáctica que “contribuya a la formación de público” y, consecuentemente al “sentido social del gusto” (una compleja y red de paradigmas estéticos y culturales ampliamente revisada por Pierre Bordieu). Es así como podemos diferenciar dos clases de público y, por ende, diferentes estrategias galerísticas a saber: el público que puede comprar y no le interesa el arte porque la percibe como una potencial inversión más que como una adquisición hedonista que sustente el gusto, y el que le interesa el arte, pero no puede comprarla. También existe, claro está, un conjunto más limitado que le interesa el arte y puede comprarla, por fortuna.
En el caso particular de las galerías en Medellín las cuales se encuentran ubicadas estratégicamente en el sur de la ciudad, además de cumplir una función para el mercado, también cabría analizar cómo ejercen esta función cuando se encuentran en un espacio físico determinado, es decir, si tienen las mismas responsabilidades comerciales que cualquier negocio, producto o servicio que paga a trabajadores de manera sistemática. 
En respuesta a esto debemos recordar ciertas tareas en las que se comprometen los agentes galerísticos como lo es: rastrear artistas, hacerles parte de su equipo, firmar contratos, orientar la logística del lugar desde las estrategias de promoción como el diseño, los catálogos, la web, participar en ferias, organizar el vernissage, etc. En este sentido podemos afirmar que todo lo anteriormente mencionado sirve para sustentar los porcentajes de venta que manejan las galerías actualmente; sin embargo, en conceptos de negocios, algunas dinámicas pueden generar dudas o suspicacias en quienes están produciendo las obras de arte, es decir, los artistas. Este fenómeno es una consecuencia de que estos espacios trabajan desde la dinámica de “empresa privada” cuyo precursor, en palabras de Robert Hughes fue “un fanfarrón llamado Robert Scull, que se dedicó a comprar obras directamente de los artistas a precios relativamente bajos, para luego prestarla a los museos haciendo que su valor subiera, y al final, rematarlas en Sotheby’s por cantidades sin precedentes”.


TEXTO COMPLETO CON IMÁGENES EN ISSU: 




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