LA SUSPENSIÓN DEL EGO: Autocrítica como necesidad intelectual


"Se madura y se evoluciona cuando se hace autocrítica"

"Big ego" 1990, Nancy Dwyer
Pues bien, la razón por la cual he tenido la intención de escribir esta entrada, digamos que, con un carácter menos formal, es porque desde hace unos días me inquieta la recurrente sensación de que, en un mundo donde el éxito muchas veces erige nuestro carácter frente a las circunstancias, siendo penosamente, un carácter poco ético, y donde el afán desmedido por sobrepasar al otro con embustes, patrañas y mentiras son el detonante de una placentera mediocridad que nos incita a negar lamentables verdades y prejuicios propios cuando de evaluar concienzudamente, una obra, un evento, o un texto se trata. En primer lugar, aparece el terror al otro, el éxito ajeno como indeseable y peligroso, motivo de riñas, discusiones acaloradas, poco objetivas e infantiloides (que no debates), malos tratos entre artista, curadores y críticos, cuya principal motivación en lugar de ser lo que debe ser: ejercer su profesión con dedicación, amor y diciplinar, es la de perseguir al vecino del lado para ver cómo está manejando su carrera; pero sobre todo, para auto perpetuar una inseguridad disfrazada de vanidad, criticando (que no hacer crítica) todo lo que no provienen de lo que identificamos como el YO.
El desgaste profesional de poner por encima el trabajo de otros antes que el nuestro, trae como consecuencia el marasmo personal y el estancamiento en los procesos. Así que, como esta placentera mediocridad no nos permite ver la realidad de las cosas (por eso personajes tan odiados como los críticos de arte), la única explicación posible de un pensamiento poco objetivo, es que la culpa de nuestro fracaso, sólo reside en los demás.

Debo aclarar que lo que escribo aquí no es un texto de auto ayuda de estos tipo Chopra y sus leyes del éxito, lo que intento es amansar primero y exorcizar después a uno de los peores demonios que podemos albergar quienes asumimos una profesión en un medio cultural, como artista, escritor, curador, galerista. etc: el EGO; y esto, porque no hay peor error que creer que todo cuanto hacemos deba ser digno de admiración o de rimbombantes halagos. Por lo general, nuestro paso por esta tierra es más insignificante de lo que todos queremos creer. No poder soportar una existencia miserablemente injustificada, da pie para sentirnos especiales casi siempre bajo el amparo del auto engaño. Recibir una invitación VIP nos hace creer importantes, muchos likes en las redes sociales nos hace creer importantes, tener dinero en el banco nos hace creer importantes, que la galerista más estirada te salude nos hace creer importantes, los títulos y los viajes nos hace creer importantes, saber comer con palillos chinos en lugar de tenedor nos hace creer importantes, hablar tres idiomas nos hace creer importantes y peor aún, con licencia de menospreciar al otro. Es una fea realidad, es como un chiste muy malo donde nadie se ríe porque no lo entienden,  dado que siempre, habrá personas más importantes...pero ¿serán unas mejores personas? ¿o eso ya no importa tanto?
Como persona graduada en Artes, tuve muy claro desde el principio que las propuestas que alcanzaba a desarrollar, no eran, ni mucho menos, ejemplos axiomáticos de lo que consistía realizar una "buena" obra; por el contrario, el cumulo de barbaridades cometidas, problemas de factura y discursos a decir verdad un tanto maniqueos, recalcitrantes y sosos, me llevaron a considerar un camino menos "brillante" a corto plazo, contrario a lo que aspiran mis compañeros y colegas: éxito inmediato. Basta con que un artista se gane uno que otro reconocimiento, su obra sea mencionada en alguna publicación local, o venda su trabajo en una subasta de esas donde se invitan a los amigos, para que aparten de su cerebro la auto reflexión sobre por qué y para qué hacen lo que hacen y se dediquen al impetuoso trabajo de la auto promoción y al desprecio del otro, que por lucidez, le hace notar que aún no ha ganado la carrera. (Mala leche, brujas, amargados...¡ah! y críticos, les llaman).
Ahora que lo asimilo, parece que el principal problema de la crítica de arte, es precisamente el ego de todos los que hacemos parte de este mundo cultural (el de la gente "bien"). No son los problemas de interpretación que planteaba Sontag, las teorías institucionales analizadas en Danto o Dickie cuestionadas por Ziff o Weitz, no es el "problema del gusto" o el juicio estético kantiano, ni la muerte del arte que Hegel predijo, no es la era y su reproductibilidad con la que Benjamín se volvió un icono teórico, es el ego, un asunto que ha sido poco analizado por cotidiano, personal y sobre todo, porque no es políticamente correcto hablar de él. "El publico no entiende, luego, el público es idiota" El crítico no entiende, luego, el crítico es idiota "Al galerista no le interesa mi trabajo, luego, el galerista es idiota". Es el máximo corolario que puede albergar la mente primaria de quien no acepta que, probablemente, el problema no reside en los demás.
Allan McCollum Visible Markers
LA INSEGURIDAD DE UNO MISMO:

Hace unos días, reflexionaba después de entregar un texto para una publicación en las que suelo colaborar, que el peor error que cometemos quienes leemos y escribimos, es que creemos que sabemos leer y escribir; siendo franca, he leído textos de personas cuyos nombres aparecen en los renglones dorados de las mentes más lúcidas de la actividad cultural  y no he podido evitar, encontrar en ellos, incoherencias tanto estructurales como contradicciones teóricas, problemas de redacción, gramática, ortografía, y más; ésto hizo preguntarme ¿Cuántas barbaridades leerá el público que se topa con una de mis manías por escribir? Luego aparece ese temorcillo indeseable que te hace querer revisar todos los textos escritos ya publicados, a los que, indudablemente les encuentras errores, y errores, y orrores...y ¡Zaz! la suspensión del ego aparece, se te caen las caretas de autoelogio y emerge la verdad por sobre la fantasía de lo que el super yo reconoce como el YO y ya no somos tan brillantes como creíamos ser, porque, en realidad, nunca lo hemos sido ¡Es abominable! En relación a esto, una de las definiciones más curiosas sobre el ego, es aquella que dice que el ego, es la manera en la que el individuo se reconoce como YO. Analizándola,  podríamos decir en cambio, que el ego no es una forma de reconocerse, si no más bien, de desconocer, desconocerse a sí mismo, desconocer la realidad de nuestros actos, pobres, insulsos y carentes de toda cabal importancia.
Quizás lo que le haga falta al mundo del arte es que todos nos quitemos esa careta absolutamente repudiable por cierto, de asumir y creer que todo cuanto hacemos sea digno del aplauso social, del premio y la beca, del aval, la sonrisa o la invitación.
Es claro para mi ahora, gracias a lo poco o mucho que he visto, que nuestras aspiraciones van ligadas al impulso primario de superar al otro, en principio (así todos osen en negarlo) y claro está, a la auto superación (que debe ser lo más importante), por lo cual, el motor que impulse nuestras facultades al desarrollarlas en una sociedad debería ser la autocrítica, pues sin ella, seguiremos existiendo como sociedades endogámicas e ideológicamente cerradas en un mundo irreal, doble cara, mentiroso y embustero.

El arte debería hacernos sentir con más claridad y más inteligencia, dijo alguna vez el viejo "amargo" de Robert Hughes, debería hacernos sentir cosas que de otro modo no tendríamos, debería ser también, un camino de reflexión para dejar de adular en exceso lo que por correspondencia es natural. ¿Qué de maravilloso tiene esto que ahora escribo? ¿Por qué lo tendría que considerar grandilocuente, digno de apreciación, si no es más que un ejercicio elemental de intentar pensar y pisar teclas? ¿Por qué osamos en creer, que lo merecemos todo de justicia, cuando en realidad, con nuestra malsana mediocridad, aún no hemos hecho nada?

* (Apareció la h perdida).

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